Lo prometido es deuda y en el siguiente escrito pretendo corresponder a la atenta invitación que el dramaturgo Luis Xavier Corona, creador de este espacio, me ha hecho extensiva para participar de manera regular con mis opiniones y críticas sobre el mundo teatral.
Es sabido por todos los que me conocen que mi fuerte no es escribir sobre el teatro. Mi punto de vista es que prefiero trabajar sobre el fenómeno que escribir sobre él… Claro que escribir también es trabajar, pero ustedes me entienden.
Sirvan estas palabras como introducción y prólogo a mi participación en este espacio.
El día de hoy voy a comentar el espectáculo Mamut, que se está presentando los viernes y los sábados a las 9 de la noche en el sui generis espacio del Trolebús Escénico de la colonia Condesa, en la ciudad de México.
No me centraré demasiado en los detalles técnicos, como que Marco Vieyra y Richard Viqueira son los responsables de la dirección, ni que el texto que están usando es de Omar Argentino, pero que el viejo conocido de nosotros Luis Mario Moncada, se tomo la libertad de hacer su propia versión.
Prefiero escribir sobre la forma como percibí la función.
Asistir al Trolebús Escénico me remite inevitablemente a otros tiempos, en los que las funciones de teatro se daban en cualquier lugar que fuera posible. Siguiendo la máximo del maestro Héctor Azar, en donde todo espacio vital es un espacio teatral. Me viene a la memoria algunos ejercicios de actuación que Gonzalo Blanco proponía a sus alumnos hace diez años, en la que tenían que presentar sus escenas, presuntamente realistas, en el espacio de un departamento. Sin importar si estas presentaciones se hacían frente a invitados especiales o gente común y corriente. También me acuerdo de mi primera experiencia en el Distrito Federal en un espacio no teatral, como era la sede del ITI UNESCO, que en 1992 estaba ubicado en la calle de Chihuahua, muy cerca de la avenida Álvaro Obregón. La obra se llamaba Información para Extranjeros, de Griselda Gambaro, que dirigían Maru García y Maypi Duarte. En esta experiencia dividíamos al público en tres grupos y les presentábamos la función guiándolos por las diferentes habitaciones del edificio. Cada cuarto tenía una escena diferente, y obviamente cada grupo veía la obra en diferente orden… Así que las posibilidades como espectador eran muy variadas.
Bueno, siendo sincero, ¿quién de nosotros no se ha presentado alguna vez en espacios no teatrales?
Una de las tendencias que están de moda en nuestro contexto es sacar las obras de los recintos teatrales y llevarlas hasta donde está el espectador.
Creo que uno de los grandes méritos de Mamut, es que no pretende, o al menos eso me pareció, presentarse como una especie de muestra de lo que debe ser la vanguardia teatral, sino como un simple entretenimiento, que por su simpleza, trasciende este objetivo.
Tuve oportunidad de platicar con Luis Mario Moncada en algunas ocasiones antes del estreno y siempre se mostró muy relajado en relación con el trabajo. Sin usar palabras como vanguardia, innovación o trascendencia. Y eso a mí me gusta mucho, pues hoy en día es difícil encontrar gente que no te venga con el discurso de que están buscando algo. Tal vez la gran ventaja de Luis Mario es que lleva tanto tiempo en el medio y ha conseguido prácticamente todo lo que se ha propuesto, que ya no necesita demostrar nada. Y eso se nota.
Es un buen momento para decirles que Luis Mario Moncada, además de hacer la dramaturgia de la obra, es el actor principal, de un monólogo, o unipersonal. Aunque es muy discutible llamarlo así, pues Renata Wimer, que está encargada de la música en vivo, hace mucho más que sólo acompañar las palabras de Luis Mario… Superando por mucho el discreto papel que la mayoría de los músicos tiene en espectáculos similares.
Podría decir que Mamut es un monólogo y estaría equivocado. Definirlo como un unipersonal también sería insuficiente. ¿Qué les puedo comentar sobre lo que es Mamut? ¿Un show de stand up? ¿Un espectáculo de cabaret? ¿Teatro bar? ¿Teatro callejero? ¿Un estudio sobre los animales de un zoológico que se llama relaciones humanas? ¿Una confesión de Luis Mario Moncada?
Supongo que todas estas opciones son posibles, y considerando las reacciones del público, es probable que no fuera unánime la conclusión sobre lo que vimos. No pasa uno de un desconcierto, cuando ya estás en otro… Y así hasta el final… Pero es probable que si asistes sin buscar demasiadas respuestas y no te pones en un estado de demasiada profundidad, pudieras pasar un buen rato, reírte, pensar que el amor es una cosa bohemia y divertida… Aunque tengas más de cuarenta años.
Varias cosas quedan claras con este montaje: Luis Mario Moncada está pasando por un buen momento como actor. Se encuentra en una gran forma física, para alguien que dice que llevaba diez años sin pararse en un escenario (Claro que esto es una mentira piadosa de Luis Mario, porque quienes lo vimos en los Antinavideños 2008 en La Capilla, sabemos que no hace mucho ya había estado, con mucha fortuna, en otro unipersonal.). Es probable que si su trabajo como dramaturgo, promotor cultural y guionista le deja algo de tiempo, lo veamos pronto en otro trabajo. Los espectadores se lo agradeceremos. Otra cosa clara es que la combinación de Marco Vieyra y Richard Viqueira es justo lo que se espera de ellos. Brillantes, a pesar de que me quedé con ganas de que no pretendieran hacernos olvidar que estábamos en el interior de un trolebús.
Sólo hay que seguir una recomendación muy importante: no insistan en asistir a una función de Mamut si no tienen reservación, porque el equipo que se dedica a estos menesteres es inflexible en este punto: Si no tienes reservación y no llegas cuando mucho veinte minutos antes de la función, lo más seguro es que te quedas afuera, por más argumentos inteligentes que traigas debajo de la manga. En serio, el lugar es pequeño (A lo mucho le cabrán 32 personas.) y normalmente no quedan lugares vacíos.
Algo muy bueno que ha conseguido el equipo de Mamut es que te sientas como privilegiado si logras entrar a la función. Como si te hicieran el favor de cobrarte dinero por entrar… Esto lo aborrecemos en las entradas de los antros y cuando vamos a hacer algún trámite en una oficina de gobierno, pero con Mamut es un pequeño trámite que tiene que pagarse por una velada muy agradable.
Hiram Molina, dramaturgo mexicano.
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