jueves, 20 de agosto de 2009

Edip en Colofón

De las cuatro obras de la compañía nacional, he tenido la oportunidad de presenciar tres: Pascua, Ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente y Edip en Colofón. Las primeras dos, abominaciónes de la escena nacional no deberían poderse mirar de frente, una por antigua, caduca y completamente aburrida en su tono naturalito chafa, la otra por ser un despilfarro económico, visual y actoral en el cual el único elemento que vale la pena es la esfinge que destaca por ser un verdadero delirio, por lo demás es una mezcla entre telenovela, historia, narrativa y perdida de tiempo.

Sin embargo, Edip en Colofón es un caso bastante distinto... Una obra peculiar diría yo al salir de la obra aquél viernes previo al fin de temporada de este montaje que como la misma CNT dijo: se va y no volverá. Veremos si eso es verdad o simplemente una estrategía publicitaria... Sea como sea, esta comedia se encuentra enraizada en su género, pero con un follaje diverso e interesante de entre el cual asoma la pieza, la tragedia y por supuesto la farsa.

Alguna vez Ximena Escalante dijo que la farsa era cualquier obra que no fuera ni pieza, ni tragedia, ni comedia sino todos en uno. Quizás este sea el caso de Edip en Colofón.

La obra consta de tres actos y medio, y dura por supuesto una hora por cada acto. Información que yo recibí aún antes de entrar a verla, y ya listo para ver un mamotreto aburrido al estilo tavirense, me encontré con un laberinto al estilo del caracól, que te absorbe cual remolino llevándote hasta el fin que paradógicamente no es más que el ombligo del mundo.

Citando al mismo Edip: La palabra ombligo debería estar escrita con una O en medio para poder entender su calidad de gran CERO, el punto de partida, el lugar del cual todos venimos y al que iremos. Tendría que llamarse IMBLOGUI. Puede que tenga razón. La obra comienza en el Imblogui y después de muchas vueltas, nada cansadas porcierto, pierde uno el resto de las letras dejándo simplemente la O final.

En cuanto a los gags cómicos la apuesta es, como siempre en el teatro nacional: repetir el chiste una y otra y otra y otra vez hasta hartarnos, y sí, yo sé que el problema no es que se repita el chiste sino que la gente se ríe hasta la onceava véz, y por ahí de la doceava la repetición lo lleva a la reflexión. Quizás no es culpa del dramaturgo quien, entendiendo los mecanismos de nuestro público a la perfección los lleva justo por donde ellos quieren, dando las nalgas en la construcción de su planteamiento cómico.

Lo verde:

Sin embargo, no quisiera restar mérito a lo bien estructurado del texto, la interesante propuesta, y claro está la magnífica burla que hace del teatro y los teatreros con el personaje de Epíndaro. Gente de Teatro por excelencia, que se estresa y sufre por lo incomprendido de su genio, quien además cree que todas sus ideas han sido plagiadas por los grandes dramaturgos que fueron más reconocidos o quizás recordados que él y que a la hora de dirigir sus puestas dice: ¡¡¡Aquí el que manda soy yo!!!! En un tono berrinchudo por demás fársico y por tanto más cercano a la verdad.

El trabajo actoral en esta puesta es simplemente fantástico, el de todos sin duda. Jamás habíase visto Tiresias mejor entendido, menos azotado y sin duda con un trabajo tan sagaz vocal y corporalmente hablando como el que construye Luisa Huertas, el cual menciono en especial pues es una actriz de una trayectoria impresionante, la cual aunque volando de pelicula en pelicula, montajes y series televisivas no siempre se lleva las palmas que tanto se ha ganado.

También es importante darle el mérito a Edip interpretado por Luis Rábago y Roberto Soto, así como a Antígona interpretada por Nuria Núñez, esta última en verdad que hace un trabajo esplendido. Un bordado sútil, una tela invisible que cubre las visceras contenidas y a punto de desparramarse por la escena cada que es llamada: Mami por su padre o seducida por Creonte.

Lo oscuro.

Encontrarnos con un Arturo Beristain que aunque consigue mostrarnos un Creonte verosímil, no es a mi ver un Creonte elaborado y lleno de matices, sino una sola cara de la moneda, todo el tiempo, aún cuando debiera mostrar ternura o compasión verdadera, se queda en el personaje convenenciero, mentiroso, cegado por el poder y la codicia... Francamente plano.

Otro tono de oscuridad en esta obra es el coro de loquitos que literalmente se la pasan haciendose los imbéciles todo el montaje, en una propuesta de locura obvia, llena de clichés, y que en sólo sirve para recordarnos una y otra vez lo que es ya para todos evidente, Edip está en un asilo mental y está mal de su cabecita. Es triste que los textos poéticos, aparentemente carentes de sentido que inserta mello en sus "loquitos" fueran aplastados y aplanados por una vil y estúpida forma enteramente falta de verdad, donde además entrevemos la falta de imaginación ante el reto de la locura en escena.

Para mí esta puesta en escena es un logro, atinada en muchos momentos, propositiva, cómica, atrevida y decididamente fuera de lo que estamos acostumbrados a recibir por la compañía nacional y un mucho mejor texto que aquel craso error llamado Olimpia 68 del mismo autor.

Creo que hay que valorar este trabajo por sus logros y no por sus fallos, dado que todo montaje tiene eso, victorias y fracasos, pero este en particular, se arriesga y triunfa dentro del marco de los que le rodean...

Falta ver Ser es Ser Visto ya opinaremos...

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