lunes, 31 de agosto de 2009

GLORY HOLE: PERO ESO SÍ, LLEGAMOS LOS GORRONES

Sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo… y sexo… ¿Ya escribí la palabra sexo? Por si alguien no sabe leer, voy de nuevo: sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo…

Se preguntarán, o no, por qué hay tanta obsesión por el sexo al inicio de mi escrito del día de hoy. No se trata de un canto desesperado, ni de una invitación enfermiza a copular sin control, es que ayer asistí a una tertulia dramática, disfrazada de lectura dramatizada del más reciente trabajo del dramaturgo yucateco: Luis Alcocer.

Sin duda muchos de ustedes se preguntarán quién es Luis Alcocer, yo también me lo preguntaba una mañana del año 1996, cuando lo vi por vez primera. Me pareció un tipo extraño… Me sigue pareciendo extraño en el presente, pero en aquel entonces se veía fuera de contexto. Se trataba de un ensayo de la obra de teatro La Cara de Morelos de Francisco de Hoyos. El montaje estaba siendo dirigido por Emmanuel Novello, que en este momento vive en Milán, y por azares del destino estábamos atrapados, porque debíamos estrenar en dos semanas y nos faltaba un actor. Ya sé que muchos de los lectores de este blog se escandalizan al leer que a menos de un mes del estreno todavía te estés peleando porque te falte un actor. Consideren que en aquel entonces vivíamos en el mundo real, no mamábamos de ningún apéndice gubernamental, no nos habíamos acostado todavía con ninguna vaca sagrada a cambio de apoyos y teníamos encima a dos millones de promotores que ya nos habían armado una temporada de teatro escolar con nuestra obra. Así que estábamos obligados a sacar en tiempo y forma el trabajo. Así es como llegó Luis Alcocer a nosotros. En la forma de un imberbe muchacho recién llegado a la ciudad (Póngase de fondo The New Kid in Town de Eagles.), ansioso por encontrar su lugar en el medio. Era todavía estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras, así que pensaba que podía buscar trabajo como actor para salir adelante con sus gastos.

Desgraciadamente fue debut y despedida para él… Pero no porque le haya desagradado a alguno de nosotros, sino porque; y esto lo supe años después por boca del mismo Luis; se sintió tan mal en su audición que decidió desaparecerse. Alejarse lo más posible de nosotros y hacer como que nunca nos habíamos conocido… Eso le privó de recibir algo de dinero actuando en una obra escolar, pues estábamos tan desesperados que hubiéramos aceptado a casi cualquier actor del mundo… Hasta a Luis Alcocer…

El mundo siguió girando, yo me he convertido en una joven promesa de la dramaturgia que jamás ha dado el estirón y Luis Alcocer ganó una beca del fonca, por un proyecto para escribir una obra de teatro. Su beca está llegando al final y el resultado de este trabajo, además de mejorar un poco su situación económica, le permitió escribir algo que se llama Glory Hole, definida por el autor como un cuento de hadas pornográfico… Muy acertado por cierto.

Para quien no haya escuchado nunca la expresión Glory Hole, les dejo este enlace para que se ilustren con el único sitio de Internet que tiene la verdad absoluta: Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Glory_Hole.

Aviso a todos los adictos al decoro y al buen gusto, los que van al teatro sólo para ver puestas llenas de limpieza y sutilezas hermosas, que el artículo de Wikipedia contiene la imagen de un pene erecto introducido por un agujero. Es literal lo del agujero, para que luego no me acusen de guarro o naco.

En espera de que lean al artículo de la Wikipedia, les adelanto que un Glory Hole es un agujero que se pone en los baños públicos, que sirve para que la gente perversa de este mundo, y con pene, pueda introducir su miembro viril por ahí. Alguien ha entrado previamente al baño y se encarga de hacerte algún favor sexual, ya sea con manos o boca… Algunos audaces llegan hasta el acto sexual completo, pero debido al VIH, esta práctica ya no es tan común… Dirán algunos hedonistas que para eso se inventaron los preservativos… Pues los felicito… A usarlos entonces…

La obra de Luis Alcocer, usa como pretexto este simpático recurso sexual para contarnos una historia misógina, un drama yucateco y homosexual, de difícil digestión.

El Glory Hole, que es donde nuestro personaje principal encontrará un poco de alivio a las penurias de su vida, puede ser visto como una representación del espíritu de rebeldía que nos mueve a buscar la libertad en todos nuestros actos. El Glory Hole es un Shangri – La, nuestro paraíso perdido al que sólo llegaremos si nos atrevemos a romper las ataduras que nos han impuesto nuestros familiares y amigos más cercanos, aferrados en vernos de una sola forma.

Habrá que esperar a que algún director de talento, con sensibilidad para trabajar con actores, se tome en serio la labor de llevar a la escena este texto, que pide a gritos presentarse en sociedad.

Pienso que las circunstancias en las que me tocó conocer la obra, no fueron las mejores. Mis procesos como dramaturgo me impiden aceptar cualquier tipo de injerencia en el proceso de trabajo. Los actores y el director tendrán meses de trabajo en conjunto para especular sobre la obra, pero pienso que tenerlos contigo en el proceso de escritura, me pondría demasiado neurótico.

¡No puedes complacer a todo el mundo!

Escribir no se trata de complacer.

Para que me entiendan mejor: Luis Alcocer nos invita a la primera lectura de su obra, que es la obra por la que lo becaron en el fonca, una obra en la que lleva trabajando durante un año… Y el “público selecto” empieza a comentar que el texto necesita más acción. Escuchas también que le sobran diálogos, o que es aburrida… Uno dijo por ahí que era una mezcla fallida entre Genet y García Lorca… Sea lo que haya querido decir, no estuve de acuerdo.

Al final resulta que tu trabajo de un año no sirve para nada, desde el punto de vista de los invitados.

Pero uno quiere más acción, otro quiere que tus mujeres sean más fuertes, otro más que la historia sea más divertida, no falta el que quiere que le agregues escenas…

Lo cierto es que si como dramaturgo te dedicas a intentar complacer a todo el mundo, no terminarás de escribir nada tuyo.

Y es aquí donde no comprendo muy bien la intención de reunir a un grupo especial para que despedacen tu texto.

Estás obligado a ser un anfitrión ejemplar. Preparas comida y sirves bebida. Y a cambio, tus invitados se dedican a destrozarte como escritor, como artista y hasta como gente de teatro.

Cuando yo me fui, la conversación había derivado hacia quién era más genial. Los invitados ya habían logrado acabar con el vino y el tequila, así que es normal que todo el mundo presuma sus atributos intelectuales… Cuando llegué a la puerta de salida, habían abierto una botella de vodka… Así que es probable que los defectos que se le encontraron a la obra de Luis Alcocer, llegaron a ser infinitos.

A mí me gustó el texto y después de un año de trabajo creo que es más que suficiente y salvo detallitos, Glory Hole está más que lista para ir a la escena.

¿Algún director se apunta?

lunes, 24 de agosto de 2009

A Improjuanear se ha dicho

Espectáculo a cargo de la Liga bajacaliforniana de la improvisación.

Siendo que ya los vi tres veces, creo que ya puedo escribir al respecto. (No es que antes no pudiera, es que no quería.) Lo primero que tengo que aclarar es que la primera vez que los vi, fue por invitación de uno de los actores. La segunda, porque tenía mucha curiosidad por ver uno de sus ensayos. La tercera, porque un amigo vino a Tijuana a un funeral (no es que el dato sea importante, pero es mórbido y eso siempre llama la atención) y no quería ir solo (a la Impro, no al funeral, al funeral tampoco fue solo.) y yo pensé que una cerveza del Lugar del Nopal (Restaurante en el que se presentaron todos los miércoles de enero a julio de 2009) no me caería nada mal, aunque una cerveza sepa igual en todas partes, y lo acompañé.

La primera vez que los vi, lo tomé como una bienvenida a Tijuana. Era lo primero que veía en la ciudad. Y me agradó. Había una comunicación muy efectiva entre Alicia Aguilar, Alondra Padilla, Carlos Corro, Julio Jaíregui (los actores) y Hébert Áxel (el director). Me mostraron cómo es Tijuana para ellos. Cómo la ven y cómo la viven. Me quedé con las cosas buenas y con los aciertos, con el trabajo de Alondra, el mayor hallazgo de esa compañía. Aprendí que Tijuana es más que los encabezados de nota roja, que la gente habla de otros temas, tiene otras cosas en la cabeza, además de sangre y narcotráfico. Más tarde, pensé, repararé en los detalles negativos.

Siendo que las cosas que suceden en un ensayo se quedan ahí… me limitaré a decir que la segunda vez que los vi, entendí porqué acertaban y porqué fallaban en ciertas cosas.

La última vez fue, ciertamente, la menos cómoda. Resultaba evidente que no estaban conectados, tuvieron errores de principiantes; fallos por nervios y accidentes por torpeza; Se contradecían, negaban la ficción o la olvidaban. Objetos aparecían y desaparecían del escenario. Mimaban un vaso y de pronto ya no estaba y después regresaba a sus manos. Sugerían estar en un sótano y de pronto ya estaban en otra parte. Corregían al compañero. Hubo momentos de silencio en donde se podía apreciar al actor luchando por encontrar cómo terminar su improvisación. Una experiencia nada disfrutable. Sufrí con ellos y por ellos. Esperaba que dieran las diez de la noche para poder pasar a cosas más agradables.

Parecía que estaba viendo a cinco personas completamente diferentes y al mismo tiempo sabía que eran los mismos porque estaban haciendo lo mismo que les vi hacer la primera y la segunda vez(sólo que con menos espontaneidad). Acudiendo a los mismos personajes, las mismas relaciones, los mismos juegos. Se promete un espectáculo diferente cada miércoles, sin embargo a mí me resultaron bastante similares. Los actores, la mayoría del tiempo, hacían afeminados o a mujeres. La jotería y el travestismo seguirá siendo una salida fácil, risa asegurada. A ridiculizar al homosexual. Y las actrices siempre acudiendo a la anciana y a la deforme, a la tontita. O a la anciana-deforme-tontita, porque si mezclas las tres cosas da más risa.

Resumen: Un grupo de personas que han trabajado y sesionado durante más de un año para poder subirse al escenario de El Lugar del Nopal, así como otros espacios a los que constantemente llevan su espectáculo. Han cultivado una buena relación entre ellos y se ve que están pendientes el uno del otro, se cuidan. Los cinco son personas agradables y es grato verlos jugar en el escenario. Tienen momentos muy buenos. Alondra es el mayor acierto de esa compañía. Improvisar me parece sumamente difícil y ellos lo confirman.

Para la realización de algunas escenas solicitan al público que les asignen un idioma (que no sea ni inglés ni español). Sin embargo no pasan de 4 palabras extrañas que repiten una y otra vez. Te avientas 2 minutos de escuchar “je sui la croa, la croa, oui oui” sin cesar. No se tiene la más remota idea de cómo suena en verdad aquello que se supone que hablan. El cuerpo jamás se incorpora, da lo mismo si son franceses o son alemanes, el ritmo no cambia, los gestos son los mismos. Te piden un idioma y da exactamente lo mismo si dices alemán o dices francés porque hacen exactamente lo mismo, solo que entre más pasa el tiempo más ganas le echan.

Sugiero más atención a la hora de mimar objetos. En una mano completamente cerrada no cabe absolutamente nada. Los objetos tienen un peso y una manera de comportarse. No hay fe escénica a la hora de inventar objetos. No los ven ellos, no los ve el espectador. En más de una ocasión batallaron para cerrar un ejercicio, Inicio, nudo, desenlace. Parece que no quedó muy claro. Improvisar me parece sumamente difícil y ellos lo confirman... no cualquiera lo hace. Van por buen camino, hace falta más disciplina y mayor compromiso... o sigan como van, pero no se quejen de los resultados... así se comprometes, así entregas. El chistoso de la fiesta está en las fiestas, el actor está en un escenario, trabajando.

Regresaré, sí, cuando tenga ganas de otra cerveza, aunque sepan igual en todas partes. Regresaré, sí, cuando tenga que escribir de nuevo sobre ellos porque la obra que tenía pensado ir a ver canceló sin previo aviso y me tuvo esperando afuera del teatro media hora.

jorge david muñoz luisillo. Tijuana, Baja California. 2009

domingo, 23 de agosto de 2009

Mamut, para los que odiamos aplaudir al final de las obras

Lo prometido es deuda y en el siguiente escrito pretendo corresponder a la atenta invitación que el dramaturgo Luis Xavier Corona, creador de este espacio, me ha hecho extensiva para participar de manera regular con mis opiniones y críticas sobre el mundo teatral.

Es sabido por todos los que me conocen que mi fuerte no es escribir sobre el teatro. Mi punto de vista es que prefiero trabajar sobre el fenómeno que escribir sobre él… Claro que escribir también es trabajar, pero ustedes me entienden.

Sirvan estas palabras como introducción y prólogo a mi participación en este espacio.

El día de hoy voy a comentar el espectáculo Mamut, que se está presentando los viernes y los sábados a las 9 de la noche en el sui generis espacio del Trolebús Escénico de la colonia Condesa, en la ciudad de México.

No me centraré demasiado en los detalles técnicos, como que Marco Vieyra y Richard Viqueira son los responsables de la dirección, ni que el texto que están usando es de Omar Argentino, pero que el viejo conocido de nosotros Luis Mario Moncada, se tomo la libertad de hacer su propia versión.

Prefiero escribir sobre la forma como percibí la función.

Asistir al Trolebús Escénico me remite inevitablemente a otros tiempos, en los que las funciones de teatro se daban en cualquier lugar que fuera posible. Siguiendo la máximo del maestro Héctor Azar, en donde todo espacio vital es un espacio teatral. Me viene a la memoria algunos ejercicios de actuación que Gonzalo Blanco proponía a sus alumnos hace diez años, en la que tenían que presentar sus escenas, presuntamente realistas, en el espacio de un departamento. Sin importar si estas presentaciones se hacían frente a invitados especiales o gente común y corriente. También me acuerdo de mi primera experiencia en el Distrito Federal en un espacio no teatral, como era la sede del ITI UNESCO, que en 1992 estaba ubicado en la calle de Chihuahua, muy cerca de la avenida Álvaro Obregón. La obra se llamaba Información para Extranjeros, de Griselda Gambaro, que dirigían Maru García y Maypi Duarte. En esta experiencia dividíamos al público en tres grupos y les presentábamos la función guiándolos por las diferentes habitaciones del edificio. Cada cuarto tenía una escena diferente, y obviamente cada grupo veía la obra en diferente orden… Así que las posibilidades como espectador eran muy variadas.

Bueno, siendo sincero, ¿quién de nosotros no se ha presentado alguna vez en espacios no teatrales?

Una de las tendencias que están de moda en nuestro contexto es sacar las obras de los recintos teatrales y llevarlas hasta donde está el espectador.

Creo que uno de los grandes méritos de Mamut, es que no pretende, o al menos eso me pareció, presentarse como una especie de muestra de lo que debe ser la vanguardia teatral, sino como un simple entretenimiento, que por su simpleza, trasciende este objetivo.

Tuve oportunidad de platicar con Luis Mario Moncada en algunas ocasiones antes del estreno y siempre se mostró muy relajado en relación con el trabajo. Sin usar palabras como vanguardia, innovación o trascendencia. Y eso a mí me gusta mucho, pues hoy en día es difícil encontrar gente que no te venga con el discurso de que están buscando algo. Tal vez la gran ventaja de Luis Mario es que lleva tanto tiempo en el medio y ha conseguido prácticamente todo lo que se ha propuesto, que ya no necesita demostrar nada. Y eso se nota.

Es un buen momento para decirles que Luis Mario Moncada, además de hacer la dramaturgia de la obra, es el actor principal, de un monólogo, o unipersonal. Aunque es muy discutible llamarlo así, pues Renata Wimer, que está encargada de la música en vivo, hace mucho más que sólo acompañar las palabras de Luis Mario… Superando por mucho el discreto papel que la mayoría de los músicos tiene en espectáculos similares.

Podría decir que Mamut es un monólogo y estaría equivocado. Definirlo como un unipersonal también sería insuficiente. ¿Qué les puedo comentar sobre lo que es Mamut? ¿Un show de stand up? ¿Un espectáculo de cabaret? ¿Teatro bar? ¿Teatro callejero? ¿Un estudio sobre los animales de un zoológico que se llama relaciones humanas? ¿Una confesión de Luis Mario Moncada?

Supongo que todas estas opciones son posibles, y considerando las reacciones del público, es probable que no fuera unánime la conclusión sobre lo que vimos. No pasa uno de un desconcierto, cuando ya estás en otro… Y así hasta el final… Pero es probable que si asistes sin buscar demasiadas respuestas y no te pones en un estado de demasiada profundidad, pudieras pasar un buen rato, reírte, pensar que el amor es una cosa bohemia y divertida… Aunque tengas más de cuarenta años.

Varias cosas quedan claras con este montaje: Luis Mario Moncada está pasando por un buen momento como actor. Se encuentra en una gran forma física, para alguien que dice que llevaba diez años sin pararse en un escenario (Claro que esto es una mentira piadosa de Luis Mario, porque quienes lo vimos en los Antinavideños 2008 en La Capilla, sabemos que no hace mucho ya había estado, con mucha fortuna, en otro unipersonal.). Es probable que si su trabajo como dramaturgo, promotor cultural y guionista le deja algo de tiempo, lo veamos pronto en otro trabajo. Los espectadores se lo agradeceremos. Otra cosa clara es que la combinación de Marco Vieyra y Richard Viqueira es justo lo que se espera de ellos. Brillantes, a pesar de que me quedé con ganas de que no pretendieran hacernos olvidar que estábamos en el interior de un trolebús.

Sólo hay que seguir una recomendación muy importante: no insistan en asistir a una función de Mamut si no tienen reservación, porque el equipo que se dedica a estos menesteres es inflexible en este punto: Si no tienes reservación y no llegas cuando mucho veinte minutos antes de la función, lo más seguro es que te quedas afuera, por más argumentos inteligentes que traigas debajo de la manga. En serio, el lugar es pequeño (A lo mucho le cabrán 32 personas.) y normalmente no quedan lugares vacíos.

Algo muy bueno que ha conseguido el equipo de Mamut es que te sientas como privilegiado si logras entrar a la función. Como si te hicieran el favor de cobrarte dinero por entrar… Esto lo aborrecemos en las entradas de los antros y cuando vamos a hacer algún trámite en una oficina de gobierno, pero con Mamut es un pequeño trámite que tiene que pagarse por una velada muy agradable.

Hiram Molina, dramaturgo mexicano.

jueves, 20 de agosto de 2009

Edip en Colofón

De las cuatro obras de la compañía nacional, he tenido la oportunidad de presenciar tres: Pascua, Ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente y Edip en Colofón. Las primeras dos, abominaciónes de la escena nacional no deberían poderse mirar de frente, una por antigua, caduca y completamente aburrida en su tono naturalito chafa, la otra por ser un despilfarro económico, visual y actoral en el cual el único elemento que vale la pena es la esfinge que destaca por ser un verdadero delirio, por lo demás es una mezcla entre telenovela, historia, narrativa y perdida de tiempo.

Sin embargo, Edip en Colofón es un caso bastante distinto... Una obra peculiar diría yo al salir de la obra aquél viernes previo al fin de temporada de este montaje que como la misma CNT dijo: se va y no volverá. Veremos si eso es verdad o simplemente una estrategía publicitaria... Sea como sea, esta comedia se encuentra enraizada en su género, pero con un follaje diverso e interesante de entre el cual asoma la pieza, la tragedia y por supuesto la farsa.

Alguna vez Ximena Escalante dijo que la farsa era cualquier obra que no fuera ni pieza, ni tragedia, ni comedia sino todos en uno. Quizás este sea el caso de Edip en Colofón.

La obra consta de tres actos y medio, y dura por supuesto una hora por cada acto. Información que yo recibí aún antes de entrar a verla, y ya listo para ver un mamotreto aburrido al estilo tavirense, me encontré con un laberinto al estilo del caracól, que te absorbe cual remolino llevándote hasta el fin que paradógicamente no es más que el ombligo del mundo.

Citando al mismo Edip: La palabra ombligo debería estar escrita con una O en medio para poder entender su calidad de gran CERO, el punto de partida, el lugar del cual todos venimos y al que iremos. Tendría que llamarse IMBLOGUI. Puede que tenga razón. La obra comienza en el Imblogui y después de muchas vueltas, nada cansadas porcierto, pierde uno el resto de las letras dejándo simplemente la O final.

En cuanto a los gags cómicos la apuesta es, como siempre en el teatro nacional: repetir el chiste una y otra y otra y otra vez hasta hartarnos, y sí, yo sé que el problema no es que se repita el chiste sino que la gente se ríe hasta la onceava véz, y por ahí de la doceava la repetición lo lleva a la reflexión. Quizás no es culpa del dramaturgo quien, entendiendo los mecanismos de nuestro público a la perfección los lleva justo por donde ellos quieren, dando las nalgas en la construcción de su planteamiento cómico.

Lo verde:

Sin embargo, no quisiera restar mérito a lo bien estructurado del texto, la interesante propuesta, y claro está la magnífica burla que hace del teatro y los teatreros con el personaje de Epíndaro. Gente de Teatro por excelencia, que se estresa y sufre por lo incomprendido de su genio, quien además cree que todas sus ideas han sido plagiadas por los grandes dramaturgos que fueron más reconocidos o quizás recordados que él y que a la hora de dirigir sus puestas dice: ¡¡¡Aquí el que manda soy yo!!!! En un tono berrinchudo por demás fársico y por tanto más cercano a la verdad.

El trabajo actoral en esta puesta es simplemente fantástico, el de todos sin duda. Jamás habíase visto Tiresias mejor entendido, menos azotado y sin duda con un trabajo tan sagaz vocal y corporalmente hablando como el que construye Luisa Huertas, el cual menciono en especial pues es una actriz de una trayectoria impresionante, la cual aunque volando de pelicula en pelicula, montajes y series televisivas no siempre se lleva las palmas que tanto se ha ganado.

También es importante darle el mérito a Edip interpretado por Luis Rábago y Roberto Soto, así como a Antígona interpretada por Nuria Núñez, esta última en verdad que hace un trabajo esplendido. Un bordado sútil, una tela invisible que cubre las visceras contenidas y a punto de desparramarse por la escena cada que es llamada: Mami por su padre o seducida por Creonte.

Lo oscuro.

Encontrarnos con un Arturo Beristain que aunque consigue mostrarnos un Creonte verosímil, no es a mi ver un Creonte elaborado y lleno de matices, sino una sola cara de la moneda, todo el tiempo, aún cuando debiera mostrar ternura o compasión verdadera, se queda en el personaje convenenciero, mentiroso, cegado por el poder y la codicia... Francamente plano.

Otro tono de oscuridad en esta obra es el coro de loquitos que literalmente se la pasan haciendose los imbéciles todo el montaje, en una propuesta de locura obvia, llena de clichés, y que en sólo sirve para recordarnos una y otra vez lo que es ya para todos evidente, Edip está en un asilo mental y está mal de su cabecita. Es triste que los textos poéticos, aparentemente carentes de sentido que inserta mello en sus "loquitos" fueran aplastados y aplanados por una vil y estúpida forma enteramente falta de verdad, donde además entrevemos la falta de imaginación ante el reto de la locura en escena.

Para mí esta puesta en escena es un logro, atinada en muchos momentos, propositiva, cómica, atrevida y decididamente fuera de lo que estamos acostumbrados a recibir por la compañía nacional y un mucho mejor texto que aquel craso error llamado Olimpia 68 del mismo autor.

Creo que hay que valorar este trabajo por sus logros y no por sus fallos, dado que todo montaje tiene eso, victorias y fracasos, pero este en particular, se arriesga y triunfa dentro del marco de los que le rodean...

Falta ver Ser es Ser Visto ya opinaremos...

Ella

Ella, de Susana Torres Molina, dirigida por David Jiménez Sánchez, actuada por Antón Araiza y Aldo González, terminará pronto su temporada en el foro la Madriguera. Este es un montaje que sin duda tienen que ver, y no por el hecho de que sea Ganadora de: Mejor Dirección, Mejor actor y finalista del XVI Festival Nacional de Teatro Universitario...

Sino porque simplemente es un trabajo honesto, donde la escasez de elementos no se traduce en teatro minamalista porque no hubo de otra, una obra que en verdad propone una estética a partir de dos banquitos, dos cubetas y unas cuantas pelotitas.

La obra aborda el encuentro entre dos hombres cuyo único punto de encuentro: ELLA. Los llevará a una lucha de egos, por demás primate, sin llegar nunca a los golpes, al trazo sucio o al golpeteo de pechos al estilo tarzán.

Una puesta que aborda por una poética por momentos surrealista, lo cual da a los textos poéticos o de tensión una nueva manera de abordarlos sin caer en la obviedad.

Por supuesto que no todo es bueno, hay momentos en verdad cansados, esto en parte al texto que se vuelve un tanto reduntante, y en parte porque la dirección pierde frescura a partir de la coreografía escénica con los banquitos, la cual aunque es muy interesante al finalizar nos deja un sentimiento de gratuidad y quizás de que faltaría llenar más los movimientos, no sólo mecanizarlos, un poco lo mismo pasa con el juego de las pelotitas, que después de un tiempo deja de ser interesante.

Sin más, quisiera felicitar a Antón, quien en verdad es merecedor del premio que le fue otorgado, su actuación es contenida, va revelando poco a poco sus intenciones sin caer en el cliché del hombre misterioso, su celosía es trabajada, perversa, una actuación a fino detalle. Felicidades.

En cuanto a su compañero es necesario decir que su trabajo es por demás deficiente, no consigue atraer la atención del público, tiene momentos entrañables pero en eso se queda, en momentos, para permanecer plano el resto del montaje en una especie de impotencia mezclada con enojo. Podría decir que mi foco lo tuvo Antón Araiza casi todo el montaje, lo cual, en una obra de dos personajes es imperdonable, a menos que fuese una decisión de dirección, lo cual dudo (y si lo és, no es del todo acertada.)

En fin. Aún con sus atenuantes, Ella es una puesta que nos regala un teatro poco pretencioso, con interés de contar las atrocidades de las que es capaz el hombre por los muslos desnudos de una mujer, tenga el cabello rojo como una llamarada o negro como la noche.

Quedan tres miercoles a las 8:30 en la Madriguera. No se la pierdan.

Foro de debate sobre la Muestra

Hola, aquí les dejo el link en el cual su servidor discute y es rebatido por Don Legom, acerca de lo que la muestra nacional de dramaturgia joven (organizada por el, Chías y aledaños) mostró. Espero les sea de interés, hay opiniones muy diversas de muy interesantes autores y críticos, entre las que se encuentran: Gibran Portela, Noe Morales, Hiram Molina, Jorge Alejandro Suarez, Legom, Gonzalo Valdez Medellín y por supuesto la mía que detonó la polémica. Les mando un abrazo.

http://www.teatromexicano.com.mx/noticia.php?id=110

Xavier Villanova

La XII Noche

En cuanto a mi respecta, creo que esta obra es un intento tímido de presentar su versión de la doceava noche Shakespereana. Se hace un esbozo de un poco de canciones, un poco de locura, algunas propuestas que apuntan hacia una dirección concreta y sin embargo a mi ver se queda todo en eso, en un boceto, en una lluvia de ideas sin una dirección clara, creo que aunque hay actuaciones que hacen de este un buen montaje, la escenografía está por demás desaprovechada, lo mismo que los vestuarios. La propuesta en sí es algo limitada dentro de ese “universo” que tratan de construir con algunos referentes a la juangabriel, y paulina rubio.

Es verdad que en la obra los actores están todos comprometidos y haciendo su mejor esfuerzo, sin embargo coincido con la crítica que hace Arturo Carrasco cuando dice que la actuación de Quetzalli destaca, yo añadiría: es formidable, sin duda las escenas mas memorables de la puesta en escena son aquellas de Malvolio.

En cuanto al bufón interpretado por Daniel Santi, me pareció que en su intento de no caer en el chitochito (lo cual se agradece) no consigue alcanzar un atisbo claro de la genialidad de los bufones shakespereanos que entre comicidad y suspicacia desenmascaran y se mofan con perdón de todo cuanto encuentran, de todos modos se nota el intento de aprehender a un personaje tan complicado como puede serlo el bufón.

No está de más felicitar también a Jackeline Molina por su inteligente y sagaz interpretación y por supuesto al resto del elenco que hace un trabajo bastante meritorio levantando una puesta que a mi ver empieza bien y se va cayendo poco a poco.

Yo salí con la sensación de haber asistido como ellos dicen a una fiesta, pero a una fiesta en la que los actores ya preocopearon, siguen tomando contigo y para cuando ellos ya están de malacopas tú todavía tienes ánimos de fiesta; los cuales vas perdiendo poco a poco hasta que llega la canción final que más que grand finale, recuerda al cri cri de las cinco de la mañana que la gente pone en sus casas para que ya te vayas.

Espero que lo que digo sea bien entendido, a mi ver esto recae completamente en la dirección, es una cuestión de ritmo y de tempo que no está bien lograda, en el intento por encontrar el tono justo entre comedia y pieza no vemos ni la una ni la otra.

Ya entrando en materia de la dirección, es claro que Martín Acosta ha encontrado una poética/estética que ha aplicado a sus últimos cuatro montajes desde Eduardo II, pasando por Sueño de una Noche de Verano, Electra Despierta y este último; lo cual es un arma de doble filo: ó está tratando de perfeccionar un estilo con esta idea del teatro pop, ó encontró una formula interesante, atractiva y en cierto modo cómoda para no tener que realmente plantearse que le va o no a cada montaje. A mi parecer este montaje es al que menos le va este tipo de poética, como quizás sí a Sueño y definitivamente a Eduardo II para la que fue concebida.

Me quedo sin duda con el trabajo de una generación que lucha por su lugar en los escenarios. Actores al fin todos ellos, espero seguirlos viendo en los escenarios y haciendo un teatro cuyas imágenes permanezcan en el espectador, recuerden:

El teatro no nos necesita, nosotros necesitamos al teatro.

¿El tiempo? y los Diaz

Siempre es un gusto asistir al teatro a presenciar lo que las nuevas generaciones de actores tienen que ofrecer a la escena; dicho lo cual no sólo son caras nuevas sino esperemos una nueva manera de abordar y entender el arte al que esperemos dedicarán su vida.

Más allá de la expectativa y los buenos deseos, es importante hablar del trabajo realizado por estos jovenes bajo la mano de Claudia Ríos.

El tiempo y los díaz como nos lo presentan, es sin duda un melodrama que cuenta con todos los elementos para estar en cualquiera de las telenovelas mexicanas que se presentan diariamente en horario estelar.

Esto era de esperarse después de haber presenciado la telenovela Otelo que nos vendió Claudia Ríos en el CCU, la cual cabe decirlo estaba llena de efectos músicales y sonoros para subrayar el drama, además de la obsesión de la directora con las ¡oh pobres mujeres golpeadas! tema que Claudia inserta en Otelo con marcador amarillo y para que se note, como lo más importante de la obra. De lo cual recuerdo como uno de los peores momentos la escena en la que Emilia hace un aparte, los personajes se congelan y ella recita sus textos en un tono, que ya no quisiéramos ver ni en el canal de las estrellas, hablando del maltrato a su amiga Desdémona.

¿Y a qué viene todo esto con “El tiempo y los diaz”?
En una obra que como dice Roberto Loera habla del tiempo que nos consume y en el cual las decisiones que tomamos nos llevan una a una a nuestro inevitable futuro… La incertidumbre de lo que vendrá, Claudia retoma el tema de las oh pobres mujeres enfrentándose a la vida tornando muchos momentos en un verdadero cliché inaguantable, por citar algunos en particular:

El golpe maquillado en el ojo derecho de la actriz Claudina quien no cesa de moverse el cabello para intentar hacer notar que su personaje es abusado por su marido, el personaje que realiza Eva Sánchez quien en el segundo acto entra vestida literalmente como muchacha, mirando para abajo y jalándose el vestido una y otra vez para hacernos notar que pobresita la vida la ha tratado mal, la oh pobre escritora con sueños cuyos textos están plagados de cursilerías irrespresentables que Claudia sostiene en su adaptación no así con los demás personajes, para remarcar el personaje soñador del canal 2 el cual será devastado y terminará como escritora de tv y novelas para luego decir: oh te acuerdas de los días en que jugabamos a las películas… Sin dejar de mencionar los momentos en que la actriz Christel Klitbo (quien claramente vemos luchando para no caer en tal melodrama sin conseguir del todo alejarlo de sí ni entrar en convención) en el tercer acto vislumbra el futuro acompañada de un golpe de campana fortísimo que nos remarca el drama.

La obra además de contener estos clichés, cuenta con una ambientación músical que nos hace pensar que el público mexicano necesita una y otra vez que se nos pongan violines a esta nuestra situación cotidiana en la que no hacemos más que sufrir en este valle de lágrimas.

Sin embargo, no todo es malo, los jovenes actores al igual que en la XII noche, son lo más rescatable del trabajo, dejando de lado la dirección de Claudia Ríos, nos encontramos con trece muchachos literalmente abrazando la convención del melodrama, entregándose a ella y consiguiendo hacer de esto un trabajo que destaca más que volverse tedioso como lo fue Otelo. Se agradece infinitamente el trabajo de actrices como Mariana Trejo quien a pesar de ser cargada con ser la niña chiquita por su estatura y ojos dulces, llena de amor y de vida al personaje regalándonos un buen sabor de boca en cada instante en que le vemos aunque estos sean pocos, misma situación con el actor Jordi Pie, quien no explota, no exagera y conteniendo la emoción nos entrega un pastel horneado lleno de ternura, pero no excento de dolor. Dentro de las menciones hay una que debe ser exaltada por su profesionalismo y valía para salvar al montaje del melodrama telenovelesco:

Hablando claro, lo más memorable del montaje es la magnifica actuación del joven Christian Alvardo quien interpreta a Delfino Pacheco en una genial construcción del personaje mítico mexicano: El Negro Durazo. Este joven se lleva en vedad las palmas cuando en el primer acto hilvana un personaje aparentemente humilde, lleno de ambiciones, mismas que están sútilmente encubiertas por una aparente curiosidad y goce de poder codearse con la clase alta mexicana, para en el segundo acto verlo convertido en un cacique hecho y derecho lleno de poder, jamás cayendo en el cliché del malvado, sino todo lo contrario, simple y llanamente un hombre que ha hecho su vida como el ha querido y sin preguntarle a nadie. Es además, el único que consigue una verdadera transformación del primero al segundo acto, dado que supuestamente pasan 20 años entre un acto y otro, los demás actores y por cuestión de dirección están concentrados en llenarse de años, mientras el joven se limita a llenarse de verdad, lo cual si no justifica los veinte años que tendría que tener de más, hace que lo olvides ante el peso de sus palabras.

Otra actuacion que hay que mencionar pero en otro sentido, es la de la actriz Vanessa Marroquin, quien bajo la estética de pelicula mexicana de los años dorados impuesta por la dirección consigue aprehender de forma magistral el tono de madre de novela, dejándonos ver su colmillo escénico en muchas de las escenas.

El resto del elenco hace un muy buen trabajo pero cabe decir que pasados por la guillotina de la dirección no consiguen salvar a sus personajes de los clichés que los rodean.

De dos actuaciones es preciso decir que están en la indefinición entre abrazar la forma o buscar el tan ansiado contenido, que són Christel Klitbo y Emmma Solorzano quienes vemos luchando por encontrar el tono justo de sus diálogos, intentando dar verdad a la situación y a la adaptación del texto a la realidad de México entre los años 60’s y 80’s.

En cuanto a la situación mexicana de la época se nos cuenta que han vivido el 68, se nos dice que luego vienen los ochenta y se habla de la realidad del país, pero sólo Mariana Trejo cuando imita a Díaz Ordaz y Christian como El Negro consiguen realmente entender lo que se vivía en México en esos días, los demás jovenes se encuentran atados a lo anecdótico de una situación que es evidente no vivieron y no ha pasado por sus mentes, mismo caso de Olimpia 68.

En resumen, creo que esta obra tiene como aciertos la jovialidad, el empuje y las ganas de los muchachos de la última generación de CasAzul quienes vemos entregandose sin juzgar, con el intento constante de dar vida cada instante del montaje, así como el muy bien entendido tono lúdico del primer acto, y por supuesto las actuaciones ya mencionadas.

En definitiva no hablo para demeritar el trabajo de los muchachos, a todos les ví muchos de los retos actorales contra los que habían de luchar superados en este montaje además de conseguir momentos de verdad, entregarse y construir relaciones verosímiles; miradas, contacto humano. No por ello hay que dejar de decir que la elección del texto y la dirección, en vez de dar brillantez a las ventajas de su juventud y garra, pareciera servir para mostrar que ante la falta de verdad se huye a la forma, ante la falta de experiencia es fácil cobijarse en la convención, en vez de apostar por un reto actoral que los hiciera mostrar todas sus cualidades y no los zapatos que aún no pueden llenar.

Dicho lo anterior, dejo la reflexión siguiente: En un país envuelto en la crisis, donde casi nadie lee o asiste al teatro pero si devoran el libro vaquero y María Mercedes a las nueve de la noche, ¿qué nos queda?: ¿sumarnos a la ignorancia y hacer llorar al público nacional con las argucías del colmillo de novela? o ¿proponer un teatro distinto, buscando espectadores críticos que vengan a pensar o apreciar algo distinto a lo que ven todos los días?

En la opinión propia, definitivamente la primera opción no es algo aplaudible sino todo lo contrario en un México que debiera pugnar por una estética teatral que rompa convencionalismos y no entregarse al aplauso y la lágrima fácil que nos otorga televisa, pero lo dejo abierto a debate.

Felicidades a los jóvenes graduados. Busquen el teatro que los llame, con el que puedan decir algo, aportar algo, no se conformen, hay muchos directores y propuestas nuevas, no se casen con ningún modelo hasta encontrar el suyo, hagan mucho teatro, pero no por hacerlo, sino por amor a la escena y a su trabajo.

Xavier Villanova