domingo, 22 de abril de 2012

La crítica en la simulación.

El análisis y la crítica de arte, son un ejercicio libre que no deseo censurar. Este breve comentario va dirigido a un ejercicio nocivo de nuestra época, mal llamado "crítica"; desde el comportamiento básico de acarrear el agua para llevarla al molino propio, arrojando flores a los compadres y jitomates a la tribu enemiga; hasta el acarreo sistemático de públicos en actos que, más que teatrales, parecen mítines políticos al puro estilo post revolucionario.
La escena contemporánea se caracteriza por las salas vacías; donde parece un destino mercadológico el tener que invertir, al menos, medio año de funciones, tan sólo en la difusión de un montaje. Periodo en el que, además de la contratación de espacios comerciales, se habrá de recurrir a los contactos dentro de la prensa para publicar "criticas", fotos y la mayor cantidad de escándalos. Hablamos de producciones privadas, donde abunda la comedia musical y el refrito de origen norte americano, donde la resistencia significa infraestructura, capital.
Pero, ¿cómo enfrenta el teatro oficial estas mismas circunstancias? De forma muy parecida. Recordemos que un aspecto de la democracia de masas es la representatividad; de tal modo que, al ser imposible patrocinar, respaldar, difundir o cuando menos respetar la cultura de cien millones de habitantes, con los escasos impuestos que estos mismos aportan, se cae en la estratagema de elegir a una pequeña élite para representar la cultura del conjunto, entregándoles los recursos necesarios para estar a la altura de los empresarios contemporáneos (aunque sin la menor oportunidad de competir con estos); para estar a la altura de la representación.
La "crítica" juega en esta simulación el papel de "buen pastor", acarreando al público a la idea estatal de cultura, a lo académicamente correcto. Siguiendo una linea con todo el aparato, el "crítico" reafirma lo que dictan las becas: quien vale 30,000 al mes y quien sólo obtendrá un apoyo para escenografía durante los próximos diez años. En el mejor de los casos, provocará el escándalo en contra  de quien "valga la pena", de quien merezca ser apaleado por su trayectoria de mal gusto, de quien crea "controversia".
Existe, es cierto, una escena cultural "independiente", conformada, en su mayoría, por pequeños locales y que bien podríamos denominar: teatro de foro. El teatro de foro es como una tienda de abarrotes: viven del púlblico, pero tambien viven de los apoyos oficiales, de los donativos, de la renta, de los talleres; viven de los coyotes, promotores que acarrean escuelas completas, tras un trato monetario con los maestros, vacunando a millones de adolescentes contra el arte teatral, a través de montajes nefastos que rebasan y confirman toda la lógica de acarreo, en la representación antes expuesta.
Pero el teatro de foro mantiene su "prestigio", programando dentro de sus espacios el reciclado de todo el artilugio oficial; contratando a quienes cuentan con el sello de culteranos oficiales, la estampa del fondo de cultura; siguiendo la linea del aparato, respaldándose con las opiniones de sus críticos, imprimiendo en sus carteles los símbolos estatales, como muestra de la calidad controlada a la que se someten para llevar a usted un producto de calidad y gran prestigio.
¿Qué pasa con el resto de la "cultura"? El gran resto de manifestaciones culturales y, en este caso, teatrales, ¿dónde se encuentran, se manifiestan, resisten? La cultura es una manifestación espontánea, que nada tiene que ver con los intereses políticos de la academia; sus manifestaciones están fuera de la lógica estatal y no obedecen a la oferta ni a la demanda. A veces la podemos encontrar pagando renta en alguna "casa de la cultura" o haciendo comunión en algún espacio olvidado del SAT. Todo esto es invisible a los ojos del critico, cuya mirada se margina con el objetivo exclusivo de la zanahoria.
Por el momento, la única cultura que se manifiesta, se contagia y se expande, es la del acarreo.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Dios es un DJ redlicious

Después de haber presenciado en su estreno la obra Dios es un DJ, texto de Falk Richter, dirigido por Gabriel Figueroa y en el que actuaban Isabel Piquer y Emilio Savini, (obra que por cierto era eterna, llena de momentos insoportables, sobre todo aquellos en los que Emilio tenía que llevar algún peso dramático), volví al teatro a ver la versión Redlicious que el señor Figueroa nos prepara esta vez con, ahora sí, un actor de verdad, Carlos Valencia y claro la inmejorable Isabel Piquer.

La obra en esta nueva versión tiene muchos logros que en la anterior eran impensables dado que Isabel cargaba la losa entera del montaje. En este caso la mancuerna es simplemente magnífica, ambos actores se complementan en la danza de la cotidianidad pero sin llegar al cotidianito, son cotiniamente extraordinarios, lo cual se agradece. Es por esto que la gente ríe y se sorprende de inicio a fin, aunado al hecho de que Carlos con maestría involcura al público, los nota inclusive cuando tarde llegan al teatro con frases como: Buenas noches caballero, sientese por ahí hay lugar (acto seguido continua sin perder el hilo de la acción o la tensión dramática.)

La obra tiene incontables temas que abordar y sin embargo yo diría que gira una y otra vez cual disco vinílico rayado en tornamesa ornamental sobre el tema de la pareja ante sí misma y frente a los demás. Es el eterno conflicto de: por ser mujer soy una histérica pero pelame, te necesito, no me dejes, sumado al: soy hombre, dame mi espacio, pero y, he aquí un giro interesante: soy sensible, también lloro y necesito tanta atención como tú, momentos que dicho sea de paso Carlos las lleva del melodrama a una verdad dolorosa y que hasta da pena, casi te sientes en una situación de esas que todos hemos vivido donde una pareja se pelea frente a ti y cada uno expone su verdad entre lágrimas y sollozos contenidos, lo cual ante el patetismo y la extrema necesidad de Carlos por atención, consigue pegar a los espectadores a la butaca en el arranque de locura que este nos presenta ante la falta de entendimiento de sus "supuestos problemas".

Otro evidente acierto de la puesta es la fragilidad de Isabel, la cual se encuentra rota, deshecha y pugnando por aparecer segura ante nosotros, sus espectadores constantes, sus eternos admiradores, lo que ella necesita que seamos. Y es menester decir que con ese trabajo actoral lleno de frescura, contención y verdadero contacto con su compañero, es un hecho que le admiramos y no sólo por su bonito amarillo vestido.

Lo oscuro... La obra en su estreno en el Julio Castillo (versión primera) era ETERNA, CANSADA, uno quería darse un tiro y contar cuantas luces había en el foro, o tratar de dilucidar en que consistía el suplicio de los textos eternos y de la cantidad de escenas, estímulos y situaciones que no nos llevaban a ninguna parte. Esto era y no era su culpa. Todos sabemos que los alemanes tienen mucho que decir y sus montajes, que ya no digamos sus peliculas duran horas y horas en las que poco a poco te van llevando a un universo donde el tiempo se detiene. El problema es que los latinos tenemos sangre caliente y no podemos darnos ese lujo, o si pudieramos hay que saberlo hacer.

Ellos dicen que esta versión está recortada, aún así la puesta dura dos horas y aunque el trabajo de ambos actores es fresco y gozozo, llega el momento en que uno piensa en las tarjetas de crédito, el amigo este con el que quedé después de la función, el proyecto que no he terminado y... si ya la viste antes, ufff todavía no llegan a la parte en la que... etc. Yo sé que cortarle a una obra propia es dificil, vamos soy escritor y onanista, me encanta lo que escribo y cortarle siempre es difícil, pero sí uno no lo hace termina con un mamotreto que aunque todas las escenas sean buenas, CANSA, y más si no aporta nada ESENCIAL E IMPRESCINDIBLE a lo ya dicho. En mi opinión todavía hay mucho que puede cortarse, no diré qué, porque cada quien sabe que parte le gustó o qué parte le desagradó y eso es muy subjetivo, pero de que está larga lo está. Y no es por las dos horas, hay obras de 3 y de 4 que llegan a tenerte pegado a la silla, dios es un dj, desde su construcción dramática te lleva lentamente aparentemente a ninguna parte y eso cansa a pesar de que el resultado si te ha transportado a otro lugar, hay muchos momentos donde pareciera que no.

Lo frivolo de la puesta es su apuesta, así que no podríamos decir que es algo oscuro, y menos porque los actores lo tienen tan bien entendido que les es natural ofrecernos las sábanas con sus rostros al final de la obra. (lo cual sería maravilloso que en verdad existiera, más de uno, público consumista, las compraría cayendo después en cuenta de que se ha convertido en parte del sistema capitalista en la que ya uno mismo es un producto intercambiable) tema que debería ser el central del texto según lo entiendo yo, pero que pasa a segundo término ante la relación que construyen Isabel y Carlos.

Más allá de lo larga que pueda resultar, ambos son dos actores muy talentosos, guiados por un verdadero director que se atreve, se arriesga y se permite modificar su obra cuantas veces sea necesario para conseguir el resultado deseado. Lo cual aplaudo, agradezco y me quito el sombrero. Es una obra actual que comunica, entretiene, toca y destantea. La recomiendo mucho a todos los que quieran ver algo distinto en el teatro mexicano, que no por ello bizarro o de "exploración".

Un aplasuo a DIOS ES UN DJ. Muy recomendable, (eso sí vayan con tiempo y dispuestos a dejarse llevar por estos dos jóvenes a un mundo cibernético comercial, siempre presente y donde la opción es pasar un buen rato como en todo reality show)

I heart TJ

No son actores profesionales, no son bailarines profesionales y ellos lo saben y no lo pretenden y eso se agradece.

I ♥ Tj es un festival de fin de cursos. O por lo menos eso parece. Es lo mejor que he visto en Tijuana, hasta hoy y con esto no quiero decir que estén bien. En el programa de mano dice “una obra de Teatro Danza”. Tengo que acudir a este tipo de recursos para saber qué es lo que vi, porque sinceramente no tenía ningún sentido para mí. Cuando alguien no entienda el concepto “gratuito” mándenlo a ver esta obra.

Se trata de la violencia en Tijuana. Ya entendimos que Tijuana es violento, ya entendimos que en Tijuana pasan cosas muy feas… lo que no hemos entendido es que es así en todas partes. Una y otra vez me encuentro con este “orgullo” tijuanense de “esto sólo pasa aquí… así es mi ciudad… pero es mía y la amo”. Y eso al principio puede ser interesante, pero después de un tiempo cansa y uno dice “hay más temas”.

Mejor escribiré un poco sobre por qué me gustó. Creo que me agradó que no son soberbios. No se sienten los grandes bailarines ni los actores experimentados. Son ellos en escena, con toda la humildad del mundo, haciendo su trabajo y pasándola bien. Y eso se agradece. Después de algunos montajes en donde el actor se regocija de lo bien que lo hace (según él) y se pavonea por el escenario, encontrar esto, a estas personas tan desentendidas de pose, es un respiro. Es grato ver gente haciendo lo que le gusta, haciéndolo lo mejor que puede. Es una pena que estén tan perdidos en algunos aspectos y será muy interesante ver su progreso. Lo cual sucederá si siguen trabajando y es por eso que recomiendo ir. Porque creo que pueden encontrar cosas. Porque se arriesgan. Y sí, en algunas partes fallaron, pero es parte de hacer esto.

Sin embargo, ¿es esto lo más profesional que tiene Tijuana? ¿Es esto en verdad lo mejor que tiene esta ciudad? De ser así, qué triste. Ya lo dije una vez, así me cobras, así opino. Si fuese un espectáculo gratuito, los dejaría experimentar todo lo que quieran y jugar a que somos actores.

El diseño gráfico es bueno. Sí lo es. El diseño de luces me gustó. Ya sé que uno no debería decir si le gustó o no… sino más bien si funciona o si es, yo qué sé. Pero también sé que yo voy a opinar lo que me dé la gana y como me dé la gana y diré que el diseño me gustó. Algunos fallos técnicos me recordaban que hay gente detrás de los controles, pero lo mejor que tienen es, sin duda, la iluminación. Busco en el programa de mano quién es el responsable de las luces y parece que se les olvidó ponerlo. O soy muy torpe y no lo encuentro.

La puesta se vuelve cansada, ya que no tiene una evolución. Está llena de escenas gratuitas que no llevan a alguna parte y de momentos muertos. Gente pasándosela bien no es suficiente para mantener un espectáculo. Aguantas una o dos canciones. De la selección musical no quiero ni hablar porque no le veo caso. El vestuario, en cambio, es atinado. Es teatral, funciona. El personaje de la maguana podría no salir y estaría muy agradecido. Todas sus intervenciones son innecesarias, lentas, aburridas y sin evento. Las partes actuadas (como la escena del matrimonio secuestrado) funcionarían mejor sin texto. Los diálogos son malos y las actuaciones son aún peor. Sobra pues la parte actuada, no por mala (que ya dije que lo es) sino porque las imágenes plásticas tienen la fuerza suficiente para contar una historia. Me molesta ver maletas sin peso, cajas sin carga.

Trato de escribir más porque siento que he dicho poco, pero me doy cuenta que no hay mucho que decir, salvo que es un buen festival de fin de cursos de la academia de danza de Jesús Ponce. El problema es que no es un festival de fin de cursos, sino que se dice una puesta en escena de Danza Teatro y ahí sí ya no estoy de acuerdo.

I ♥ Tj
Dirección: Rodolfo Álvarez.
Coreografía: Jesús Ponce.


Nota, reseña, queja, chisme: jorge david muñoz luisillo

lunes, 31 de agosto de 2009

GLORY HOLE: PERO ESO SÍ, LLEGAMOS LOS GORRONES

Sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo… y sexo… ¿Ya escribí la palabra sexo? Por si alguien no sabe leer, voy de nuevo: sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo…

Se preguntarán, o no, por qué hay tanta obsesión por el sexo al inicio de mi escrito del día de hoy. No se trata de un canto desesperado, ni de una invitación enfermiza a copular sin control, es que ayer asistí a una tertulia dramática, disfrazada de lectura dramatizada del más reciente trabajo del dramaturgo yucateco: Luis Alcocer.

Sin duda muchos de ustedes se preguntarán quién es Luis Alcocer, yo también me lo preguntaba una mañana del año 1996, cuando lo vi por vez primera. Me pareció un tipo extraño… Me sigue pareciendo extraño en el presente, pero en aquel entonces se veía fuera de contexto. Se trataba de un ensayo de la obra de teatro La Cara de Morelos de Francisco de Hoyos. El montaje estaba siendo dirigido por Emmanuel Novello, que en este momento vive en Milán, y por azares del destino estábamos atrapados, porque debíamos estrenar en dos semanas y nos faltaba un actor. Ya sé que muchos de los lectores de este blog se escandalizan al leer que a menos de un mes del estreno todavía te estés peleando porque te falte un actor. Consideren que en aquel entonces vivíamos en el mundo real, no mamábamos de ningún apéndice gubernamental, no nos habíamos acostado todavía con ninguna vaca sagrada a cambio de apoyos y teníamos encima a dos millones de promotores que ya nos habían armado una temporada de teatro escolar con nuestra obra. Así que estábamos obligados a sacar en tiempo y forma el trabajo. Así es como llegó Luis Alcocer a nosotros. En la forma de un imberbe muchacho recién llegado a la ciudad (Póngase de fondo The New Kid in Town de Eagles.), ansioso por encontrar su lugar en el medio. Era todavía estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras, así que pensaba que podía buscar trabajo como actor para salir adelante con sus gastos.

Desgraciadamente fue debut y despedida para él… Pero no porque le haya desagradado a alguno de nosotros, sino porque; y esto lo supe años después por boca del mismo Luis; se sintió tan mal en su audición que decidió desaparecerse. Alejarse lo más posible de nosotros y hacer como que nunca nos habíamos conocido… Eso le privó de recibir algo de dinero actuando en una obra escolar, pues estábamos tan desesperados que hubiéramos aceptado a casi cualquier actor del mundo… Hasta a Luis Alcocer…

El mundo siguió girando, yo me he convertido en una joven promesa de la dramaturgia que jamás ha dado el estirón y Luis Alcocer ganó una beca del fonca, por un proyecto para escribir una obra de teatro. Su beca está llegando al final y el resultado de este trabajo, además de mejorar un poco su situación económica, le permitió escribir algo que se llama Glory Hole, definida por el autor como un cuento de hadas pornográfico… Muy acertado por cierto.

Para quien no haya escuchado nunca la expresión Glory Hole, les dejo este enlace para que se ilustren con el único sitio de Internet que tiene la verdad absoluta: Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Glory_Hole.

Aviso a todos los adictos al decoro y al buen gusto, los que van al teatro sólo para ver puestas llenas de limpieza y sutilezas hermosas, que el artículo de Wikipedia contiene la imagen de un pene erecto introducido por un agujero. Es literal lo del agujero, para que luego no me acusen de guarro o naco.

En espera de que lean al artículo de la Wikipedia, les adelanto que un Glory Hole es un agujero que se pone en los baños públicos, que sirve para que la gente perversa de este mundo, y con pene, pueda introducir su miembro viril por ahí. Alguien ha entrado previamente al baño y se encarga de hacerte algún favor sexual, ya sea con manos o boca… Algunos audaces llegan hasta el acto sexual completo, pero debido al VIH, esta práctica ya no es tan común… Dirán algunos hedonistas que para eso se inventaron los preservativos… Pues los felicito… A usarlos entonces…

La obra de Luis Alcocer, usa como pretexto este simpático recurso sexual para contarnos una historia misógina, un drama yucateco y homosexual, de difícil digestión.

El Glory Hole, que es donde nuestro personaje principal encontrará un poco de alivio a las penurias de su vida, puede ser visto como una representación del espíritu de rebeldía que nos mueve a buscar la libertad en todos nuestros actos. El Glory Hole es un Shangri – La, nuestro paraíso perdido al que sólo llegaremos si nos atrevemos a romper las ataduras que nos han impuesto nuestros familiares y amigos más cercanos, aferrados en vernos de una sola forma.

Habrá que esperar a que algún director de talento, con sensibilidad para trabajar con actores, se tome en serio la labor de llevar a la escena este texto, que pide a gritos presentarse en sociedad.

Pienso que las circunstancias en las que me tocó conocer la obra, no fueron las mejores. Mis procesos como dramaturgo me impiden aceptar cualquier tipo de injerencia en el proceso de trabajo. Los actores y el director tendrán meses de trabajo en conjunto para especular sobre la obra, pero pienso que tenerlos contigo en el proceso de escritura, me pondría demasiado neurótico.

¡No puedes complacer a todo el mundo!

Escribir no se trata de complacer.

Para que me entiendan mejor: Luis Alcocer nos invita a la primera lectura de su obra, que es la obra por la que lo becaron en el fonca, una obra en la que lleva trabajando durante un año… Y el “público selecto” empieza a comentar que el texto necesita más acción. Escuchas también que le sobran diálogos, o que es aburrida… Uno dijo por ahí que era una mezcla fallida entre Genet y García Lorca… Sea lo que haya querido decir, no estuve de acuerdo.

Al final resulta que tu trabajo de un año no sirve para nada, desde el punto de vista de los invitados.

Pero uno quiere más acción, otro quiere que tus mujeres sean más fuertes, otro más que la historia sea más divertida, no falta el que quiere que le agregues escenas…

Lo cierto es que si como dramaturgo te dedicas a intentar complacer a todo el mundo, no terminarás de escribir nada tuyo.

Y es aquí donde no comprendo muy bien la intención de reunir a un grupo especial para que despedacen tu texto.

Estás obligado a ser un anfitrión ejemplar. Preparas comida y sirves bebida. Y a cambio, tus invitados se dedican a destrozarte como escritor, como artista y hasta como gente de teatro.

Cuando yo me fui, la conversación había derivado hacia quién era más genial. Los invitados ya habían logrado acabar con el vino y el tequila, así que es normal que todo el mundo presuma sus atributos intelectuales… Cuando llegué a la puerta de salida, habían abierto una botella de vodka… Así que es probable que los defectos que se le encontraron a la obra de Luis Alcocer, llegaron a ser infinitos.

A mí me gustó el texto y después de un año de trabajo creo que es más que suficiente y salvo detallitos, Glory Hole está más que lista para ir a la escena.

¿Algún director se apunta?

lunes, 24 de agosto de 2009

A Improjuanear se ha dicho

Espectáculo a cargo de la Liga bajacaliforniana de la improvisación.

Siendo que ya los vi tres veces, creo que ya puedo escribir al respecto. (No es que antes no pudiera, es que no quería.) Lo primero que tengo que aclarar es que la primera vez que los vi, fue por invitación de uno de los actores. La segunda, porque tenía mucha curiosidad por ver uno de sus ensayos. La tercera, porque un amigo vino a Tijuana a un funeral (no es que el dato sea importante, pero es mórbido y eso siempre llama la atención) y no quería ir solo (a la Impro, no al funeral, al funeral tampoco fue solo.) y yo pensé que una cerveza del Lugar del Nopal (Restaurante en el que se presentaron todos los miércoles de enero a julio de 2009) no me caería nada mal, aunque una cerveza sepa igual en todas partes, y lo acompañé.

La primera vez que los vi, lo tomé como una bienvenida a Tijuana. Era lo primero que veía en la ciudad. Y me agradó. Había una comunicación muy efectiva entre Alicia Aguilar, Alondra Padilla, Carlos Corro, Julio Jaíregui (los actores) y Hébert Áxel (el director). Me mostraron cómo es Tijuana para ellos. Cómo la ven y cómo la viven. Me quedé con las cosas buenas y con los aciertos, con el trabajo de Alondra, el mayor hallazgo de esa compañía. Aprendí que Tijuana es más que los encabezados de nota roja, que la gente habla de otros temas, tiene otras cosas en la cabeza, además de sangre y narcotráfico. Más tarde, pensé, repararé en los detalles negativos.

Siendo que las cosas que suceden en un ensayo se quedan ahí… me limitaré a decir que la segunda vez que los vi, entendí porqué acertaban y porqué fallaban en ciertas cosas.

La última vez fue, ciertamente, la menos cómoda. Resultaba evidente que no estaban conectados, tuvieron errores de principiantes; fallos por nervios y accidentes por torpeza; Se contradecían, negaban la ficción o la olvidaban. Objetos aparecían y desaparecían del escenario. Mimaban un vaso y de pronto ya no estaba y después regresaba a sus manos. Sugerían estar en un sótano y de pronto ya estaban en otra parte. Corregían al compañero. Hubo momentos de silencio en donde se podía apreciar al actor luchando por encontrar cómo terminar su improvisación. Una experiencia nada disfrutable. Sufrí con ellos y por ellos. Esperaba que dieran las diez de la noche para poder pasar a cosas más agradables.

Parecía que estaba viendo a cinco personas completamente diferentes y al mismo tiempo sabía que eran los mismos porque estaban haciendo lo mismo que les vi hacer la primera y la segunda vez(sólo que con menos espontaneidad). Acudiendo a los mismos personajes, las mismas relaciones, los mismos juegos. Se promete un espectáculo diferente cada miércoles, sin embargo a mí me resultaron bastante similares. Los actores, la mayoría del tiempo, hacían afeminados o a mujeres. La jotería y el travestismo seguirá siendo una salida fácil, risa asegurada. A ridiculizar al homosexual. Y las actrices siempre acudiendo a la anciana y a la deforme, a la tontita. O a la anciana-deforme-tontita, porque si mezclas las tres cosas da más risa.

Resumen: Un grupo de personas que han trabajado y sesionado durante más de un año para poder subirse al escenario de El Lugar del Nopal, así como otros espacios a los que constantemente llevan su espectáculo. Han cultivado una buena relación entre ellos y se ve que están pendientes el uno del otro, se cuidan. Los cinco son personas agradables y es grato verlos jugar en el escenario. Tienen momentos muy buenos. Alondra es el mayor acierto de esa compañía. Improvisar me parece sumamente difícil y ellos lo confirman.

Para la realización de algunas escenas solicitan al público que les asignen un idioma (que no sea ni inglés ni español). Sin embargo no pasan de 4 palabras extrañas que repiten una y otra vez. Te avientas 2 minutos de escuchar “je sui la croa, la croa, oui oui” sin cesar. No se tiene la más remota idea de cómo suena en verdad aquello que se supone que hablan. El cuerpo jamás se incorpora, da lo mismo si son franceses o son alemanes, el ritmo no cambia, los gestos son los mismos. Te piden un idioma y da exactamente lo mismo si dices alemán o dices francés porque hacen exactamente lo mismo, solo que entre más pasa el tiempo más ganas le echan.

Sugiero más atención a la hora de mimar objetos. En una mano completamente cerrada no cabe absolutamente nada. Los objetos tienen un peso y una manera de comportarse. No hay fe escénica a la hora de inventar objetos. No los ven ellos, no los ve el espectador. En más de una ocasión batallaron para cerrar un ejercicio, Inicio, nudo, desenlace. Parece que no quedó muy claro. Improvisar me parece sumamente difícil y ellos lo confirman... no cualquiera lo hace. Van por buen camino, hace falta más disciplina y mayor compromiso... o sigan como van, pero no se quejen de los resultados... así se comprometes, así entregas. El chistoso de la fiesta está en las fiestas, el actor está en un escenario, trabajando.

Regresaré, sí, cuando tenga ganas de otra cerveza, aunque sepan igual en todas partes. Regresaré, sí, cuando tenga que escribir de nuevo sobre ellos porque la obra que tenía pensado ir a ver canceló sin previo aviso y me tuvo esperando afuera del teatro media hora.

jorge david muñoz luisillo. Tijuana, Baja California. 2009

domingo, 23 de agosto de 2009

Mamut, para los que odiamos aplaudir al final de las obras

Lo prometido es deuda y en el siguiente escrito pretendo corresponder a la atenta invitación que el dramaturgo Luis Xavier Corona, creador de este espacio, me ha hecho extensiva para participar de manera regular con mis opiniones y críticas sobre el mundo teatral.

Es sabido por todos los que me conocen que mi fuerte no es escribir sobre el teatro. Mi punto de vista es que prefiero trabajar sobre el fenómeno que escribir sobre él… Claro que escribir también es trabajar, pero ustedes me entienden.

Sirvan estas palabras como introducción y prólogo a mi participación en este espacio.

El día de hoy voy a comentar el espectáculo Mamut, que se está presentando los viernes y los sábados a las 9 de la noche en el sui generis espacio del Trolebús Escénico de la colonia Condesa, en la ciudad de México.

No me centraré demasiado en los detalles técnicos, como que Marco Vieyra y Richard Viqueira son los responsables de la dirección, ni que el texto que están usando es de Omar Argentino, pero que el viejo conocido de nosotros Luis Mario Moncada, se tomo la libertad de hacer su propia versión.

Prefiero escribir sobre la forma como percibí la función.

Asistir al Trolebús Escénico me remite inevitablemente a otros tiempos, en los que las funciones de teatro se daban en cualquier lugar que fuera posible. Siguiendo la máximo del maestro Héctor Azar, en donde todo espacio vital es un espacio teatral. Me viene a la memoria algunos ejercicios de actuación que Gonzalo Blanco proponía a sus alumnos hace diez años, en la que tenían que presentar sus escenas, presuntamente realistas, en el espacio de un departamento. Sin importar si estas presentaciones se hacían frente a invitados especiales o gente común y corriente. También me acuerdo de mi primera experiencia en el Distrito Federal en un espacio no teatral, como era la sede del ITI UNESCO, que en 1992 estaba ubicado en la calle de Chihuahua, muy cerca de la avenida Álvaro Obregón. La obra se llamaba Información para Extranjeros, de Griselda Gambaro, que dirigían Maru García y Maypi Duarte. En esta experiencia dividíamos al público en tres grupos y les presentábamos la función guiándolos por las diferentes habitaciones del edificio. Cada cuarto tenía una escena diferente, y obviamente cada grupo veía la obra en diferente orden… Así que las posibilidades como espectador eran muy variadas.

Bueno, siendo sincero, ¿quién de nosotros no se ha presentado alguna vez en espacios no teatrales?

Una de las tendencias que están de moda en nuestro contexto es sacar las obras de los recintos teatrales y llevarlas hasta donde está el espectador.

Creo que uno de los grandes méritos de Mamut, es que no pretende, o al menos eso me pareció, presentarse como una especie de muestra de lo que debe ser la vanguardia teatral, sino como un simple entretenimiento, que por su simpleza, trasciende este objetivo.

Tuve oportunidad de platicar con Luis Mario Moncada en algunas ocasiones antes del estreno y siempre se mostró muy relajado en relación con el trabajo. Sin usar palabras como vanguardia, innovación o trascendencia. Y eso a mí me gusta mucho, pues hoy en día es difícil encontrar gente que no te venga con el discurso de que están buscando algo. Tal vez la gran ventaja de Luis Mario es que lleva tanto tiempo en el medio y ha conseguido prácticamente todo lo que se ha propuesto, que ya no necesita demostrar nada. Y eso se nota.

Es un buen momento para decirles que Luis Mario Moncada, además de hacer la dramaturgia de la obra, es el actor principal, de un monólogo, o unipersonal. Aunque es muy discutible llamarlo así, pues Renata Wimer, que está encargada de la música en vivo, hace mucho más que sólo acompañar las palabras de Luis Mario… Superando por mucho el discreto papel que la mayoría de los músicos tiene en espectáculos similares.

Podría decir que Mamut es un monólogo y estaría equivocado. Definirlo como un unipersonal también sería insuficiente. ¿Qué les puedo comentar sobre lo que es Mamut? ¿Un show de stand up? ¿Un espectáculo de cabaret? ¿Teatro bar? ¿Teatro callejero? ¿Un estudio sobre los animales de un zoológico que se llama relaciones humanas? ¿Una confesión de Luis Mario Moncada?

Supongo que todas estas opciones son posibles, y considerando las reacciones del público, es probable que no fuera unánime la conclusión sobre lo que vimos. No pasa uno de un desconcierto, cuando ya estás en otro… Y así hasta el final… Pero es probable que si asistes sin buscar demasiadas respuestas y no te pones en un estado de demasiada profundidad, pudieras pasar un buen rato, reírte, pensar que el amor es una cosa bohemia y divertida… Aunque tengas más de cuarenta años.

Varias cosas quedan claras con este montaje: Luis Mario Moncada está pasando por un buen momento como actor. Se encuentra en una gran forma física, para alguien que dice que llevaba diez años sin pararse en un escenario (Claro que esto es una mentira piadosa de Luis Mario, porque quienes lo vimos en los Antinavideños 2008 en La Capilla, sabemos que no hace mucho ya había estado, con mucha fortuna, en otro unipersonal.). Es probable que si su trabajo como dramaturgo, promotor cultural y guionista le deja algo de tiempo, lo veamos pronto en otro trabajo. Los espectadores se lo agradeceremos. Otra cosa clara es que la combinación de Marco Vieyra y Richard Viqueira es justo lo que se espera de ellos. Brillantes, a pesar de que me quedé con ganas de que no pretendieran hacernos olvidar que estábamos en el interior de un trolebús.

Sólo hay que seguir una recomendación muy importante: no insistan en asistir a una función de Mamut si no tienen reservación, porque el equipo que se dedica a estos menesteres es inflexible en este punto: Si no tienes reservación y no llegas cuando mucho veinte minutos antes de la función, lo más seguro es que te quedas afuera, por más argumentos inteligentes que traigas debajo de la manga. En serio, el lugar es pequeño (A lo mucho le cabrán 32 personas.) y normalmente no quedan lugares vacíos.

Algo muy bueno que ha conseguido el equipo de Mamut es que te sientas como privilegiado si logras entrar a la función. Como si te hicieran el favor de cobrarte dinero por entrar… Esto lo aborrecemos en las entradas de los antros y cuando vamos a hacer algún trámite en una oficina de gobierno, pero con Mamut es un pequeño trámite que tiene que pagarse por una velada muy agradable.

Hiram Molina, dramaturgo mexicano.

jueves, 20 de agosto de 2009

Edip en Colofón

De las cuatro obras de la compañía nacional, he tenido la oportunidad de presenciar tres: Pascua, Ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente y Edip en Colofón. Las primeras dos, abominaciónes de la escena nacional no deberían poderse mirar de frente, una por antigua, caduca y completamente aburrida en su tono naturalito chafa, la otra por ser un despilfarro económico, visual y actoral en el cual el único elemento que vale la pena es la esfinge que destaca por ser un verdadero delirio, por lo demás es una mezcla entre telenovela, historia, narrativa y perdida de tiempo.

Sin embargo, Edip en Colofón es un caso bastante distinto... Una obra peculiar diría yo al salir de la obra aquél viernes previo al fin de temporada de este montaje que como la misma CNT dijo: se va y no volverá. Veremos si eso es verdad o simplemente una estrategía publicitaria... Sea como sea, esta comedia se encuentra enraizada en su género, pero con un follaje diverso e interesante de entre el cual asoma la pieza, la tragedia y por supuesto la farsa.

Alguna vez Ximena Escalante dijo que la farsa era cualquier obra que no fuera ni pieza, ni tragedia, ni comedia sino todos en uno. Quizás este sea el caso de Edip en Colofón.

La obra consta de tres actos y medio, y dura por supuesto una hora por cada acto. Información que yo recibí aún antes de entrar a verla, y ya listo para ver un mamotreto aburrido al estilo tavirense, me encontré con un laberinto al estilo del caracól, que te absorbe cual remolino llevándote hasta el fin que paradógicamente no es más que el ombligo del mundo.

Citando al mismo Edip: La palabra ombligo debería estar escrita con una O en medio para poder entender su calidad de gran CERO, el punto de partida, el lugar del cual todos venimos y al que iremos. Tendría que llamarse IMBLOGUI. Puede que tenga razón. La obra comienza en el Imblogui y después de muchas vueltas, nada cansadas porcierto, pierde uno el resto de las letras dejándo simplemente la O final.

En cuanto a los gags cómicos la apuesta es, como siempre en el teatro nacional: repetir el chiste una y otra y otra y otra vez hasta hartarnos, y sí, yo sé que el problema no es que se repita el chiste sino que la gente se ríe hasta la onceava véz, y por ahí de la doceava la repetición lo lleva a la reflexión. Quizás no es culpa del dramaturgo quien, entendiendo los mecanismos de nuestro público a la perfección los lleva justo por donde ellos quieren, dando las nalgas en la construcción de su planteamiento cómico.

Lo verde:

Sin embargo, no quisiera restar mérito a lo bien estructurado del texto, la interesante propuesta, y claro está la magnífica burla que hace del teatro y los teatreros con el personaje de Epíndaro. Gente de Teatro por excelencia, que se estresa y sufre por lo incomprendido de su genio, quien además cree que todas sus ideas han sido plagiadas por los grandes dramaturgos que fueron más reconocidos o quizás recordados que él y que a la hora de dirigir sus puestas dice: ¡¡¡Aquí el que manda soy yo!!!! En un tono berrinchudo por demás fársico y por tanto más cercano a la verdad.

El trabajo actoral en esta puesta es simplemente fantástico, el de todos sin duda. Jamás habíase visto Tiresias mejor entendido, menos azotado y sin duda con un trabajo tan sagaz vocal y corporalmente hablando como el que construye Luisa Huertas, el cual menciono en especial pues es una actriz de una trayectoria impresionante, la cual aunque volando de pelicula en pelicula, montajes y series televisivas no siempre se lleva las palmas que tanto se ha ganado.

También es importante darle el mérito a Edip interpretado por Luis Rábago y Roberto Soto, así como a Antígona interpretada por Nuria Núñez, esta última en verdad que hace un trabajo esplendido. Un bordado sútil, una tela invisible que cubre las visceras contenidas y a punto de desparramarse por la escena cada que es llamada: Mami por su padre o seducida por Creonte.

Lo oscuro.

Encontrarnos con un Arturo Beristain que aunque consigue mostrarnos un Creonte verosímil, no es a mi ver un Creonte elaborado y lleno de matices, sino una sola cara de la moneda, todo el tiempo, aún cuando debiera mostrar ternura o compasión verdadera, se queda en el personaje convenenciero, mentiroso, cegado por el poder y la codicia... Francamente plano.

Otro tono de oscuridad en esta obra es el coro de loquitos que literalmente se la pasan haciendose los imbéciles todo el montaje, en una propuesta de locura obvia, llena de clichés, y que en sólo sirve para recordarnos una y otra vez lo que es ya para todos evidente, Edip está en un asilo mental y está mal de su cabecita. Es triste que los textos poéticos, aparentemente carentes de sentido que inserta mello en sus "loquitos" fueran aplastados y aplanados por una vil y estúpida forma enteramente falta de verdad, donde además entrevemos la falta de imaginación ante el reto de la locura en escena.

Para mí esta puesta en escena es un logro, atinada en muchos momentos, propositiva, cómica, atrevida y decididamente fuera de lo que estamos acostumbrados a recibir por la compañía nacional y un mucho mejor texto que aquel craso error llamado Olimpia 68 del mismo autor.

Creo que hay que valorar este trabajo por sus logros y no por sus fallos, dado que todo montaje tiene eso, victorias y fracasos, pero este en particular, se arriesga y triunfa dentro del marco de los que le rodean...

Falta ver Ser es Ser Visto ya opinaremos...