El análisis y la crítica de arte, son un ejercicio libre que no deseo censurar. Este breve comentario va dirigido a un ejercicio nocivo de nuestra época, mal llamado "crítica"; desde el comportamiento básico de acarrear el agua para llevarla al molino propio, arrojando flores a los compadres y jitomates a la tribu enemiga; hasta el acarreo sistemático de públicos en actos que, más que teatrales, parecen mítines políticos al puro estilo post revolucionario.
La escena contemporánea se caracteriza por las salas vacías; donde parece un destino mercadológico el tener que invertir, al menos, medio año de funciones, tan sólo en la difusión de un montaje. Periodo en el que, además de la contratación de espacios comerciales, se habrá de recurrir a los contactos dentro de la prensa para publicar "criticas", fotos y la mayor cantidad de escándalos. Hablamos de producciones privadas, donde abunda la comedia musical y el refrito de origen norte americano, donde la resistencia significa infraestructura, capital.
Pero, ¿cómo enfrenta el teatro oficial estas mismas circunstancias? De forma muy parecida. Recordemos que un aspecto de la democracia de masas es la representatividad; de tal modo que, al ser imposible patrocinar, respaldar, difundir o cuando menos respetar la cultura de cien millones de habitantes, con los escasos impuestos que estos mismos aportan, se cae en la estratagema de elegir a una pequeña élite para representar la cultura del conjunto, entregándoles los recursos necesarios para estar a la altura de los empresarios contemporáneos (aunque sin la menor oportunidad de competir con estos); para estar a la altura de la representación.
La "crítica" juega en esta simulación el papel de "buen pastor", acarreando al público a la idea estatal de cultura, a lo académicamente correcto. Siguiendo una linea con todo el aparato, el "crítico" reafirma lo que dictan las becas: quien vale 30,000 al mes y quien sólo obtendrá un apoyo para escenografía durante los próximos diez años. En el mejor de los casos, provocará el escándalo en contra de quien "valga la pena", de quien merezca ser apaleado por su trayectoria de mal gusto, de quien crea "controversia".
Existe, es cierto, una escena cultural "independiente", conformada, en su mayoría, por pequeños locales y que bien podríamos denominar: teatro de foro. El teatro de foro es como una tienda de abarrotes: viven del púlblico, pero tambien viven de los apoyos oficiales, de los donativos, de la renta, de los talleres; viven de los coyotes, promotores que acarrean escuelas completas, tras un trato monetario con los maestros, vacunando a millones de adolescentes contra el arte teatral, a través de montajes nefastos que rebasan y confirman toda la lógica de acarreo, en la representación antes expuesta.
Pero el teatro de foro mantiene su "prestigio", programando dentro de sus espacios el reciclado de todo el artilugio oficial; contratando a quienes cuentan con el sello de culteranos oficiales, la estampa del fondo de cultura; siguiendo la linea del aparato, respaldándose con las opiniones de sus críticos, imprimiendo en sus carteles los símbolos estatales, como muestra de la calidad controlada a la que se someten para llevar a usted un producto de calidad y gran prestigio.
¿Qué pasa con el resto de la "cultura"? El gran resto de manifestaciones culturales y, en este caso, teatrales, ¿dónde se encuentran, se manifiestan, resisten? La cultura es una manifestación espontánea, que nada tiene que ver con los intereses políticos de la academia; sus manifestaciones están fuera de la lógica estatal y no obedecen a la oferta ni a la demanda. A veces la podemos encontrar pagando renta en alguna "casa de la cultura" o haciendo comunión en algún espacio olvidado del SAT. Todo esto es invisible a los ojos del critico, cuya mirada se margina con el objetivo exclusivo de la zanahoria.
Por el momento, la única cultura que se manifiesta, se contagia y se expande, es la del acarreo.
domingo, 22 de abril de 2012
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