jueves, 20 de agosto de 2009

Ella

Ella, de Susana Torres Molina, dirigida por David Jiménez Sánchez, actuada por Antón Araiza y Aldo González, terminará pronto su temporada en el foro la Madriguera. Este es un montaje que sin duda tienen que ver, y no por el hecho de que sea Ganadora de: Mejor Dirección, Mejor actor y finalista del XVI Festival Nacional de Teatro Universitario...

Sino porque simplemente es un trabajo honesto, donde la escasez de elementos no se traduce en teatro minamalista porque no hubo de otra, una obra que en verdad propone una estética a partir de dos banquitos, dos cubetas y unas cuantas pelotitas.

La obra aborda el encuentro entre dos hombres cuyo único punto de encuentro: ELLA. Los llevará a una lucha de egos, por demás primate, sin llegar nunca a los golpes, al trazo sucio o al golpeteo de pechos al estilo tarzán.

Una puesta que aborda por una poética por momentos surrealista, lo cual da a los textos poéticos o de tensión una nueva manera de abordarlos sin caer en la obviedad.

Por supuesto que no todo es bueno, hay momentos en verdad cansados, esto en parte al texto que se vuelve un tanto reduntante, y en parte porque la dirección pierde frescura a partir de la coreografía escénica con los banquitos, la cual aunque es muy interesante al finalizar nos deja un sentimiento de gratuidad y quizás de que faltaría llenar más los movimientos, no sólo mecanizarlos, un poco lo mismo pasa con el juego de las pelotitas, que después de un tiempo deja de ser interesante.

Sin más, quisiera felicitar a Antón, quien en verdad es merecedor del premio que le fue otorgado, su actuación es contenida, va revelando poco a poco sus intenciones sin caer en el cliché del hombre misterioso, su celosía es trabajada, perversa, una actuación a fino detalle. Felicidades.

En cuanto a su compañero es necesario decir que su trabajo es por demás deficiente, no consigue atraer la atención del público, tiene momentos entrañables pero en eso se queda, en momentos, para permanecer plano el resto del montaje en una especie de impotencia mezclada con enojo. Podría decir que mi foco lo tuvo Antón Araiza casi todo el montaje, lo cual, en una obra de dos personajes es imperdonable, a menos que fuese una decisión de dirección, lo cual dudo (y si lo és, no es del todo acertada.)

En fin. Aún con sus atenuantes, Ella es una puesta que nos regala un teatro poco pretencioso, con interés de contar las atrocidades de las que es capaz el hombre por los muslos desnudos de una mujer, tenga el cabello rojo como una llamarada o negro como la noche.

Quedan tres miercoles a las 8:30 en la Madriguera. No se la pierdan.

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