jueves, 20 de agosto de 2009
Ella
Sino porque simplemente es un trabajo honesto, donde la escasez de elementos no se traduce en teatro minamalista porque no hubo de otra, una obra que en verdad propone una estética a partir de dos banquitos, dos cubetas y unas cuantas pelotitas.
La obra aborda el encuentro entre dos hombres cuyo único punto de encuentro: ELLA. Los llevará a una lucha de egos, por demás primate, sin llegar nunca a los golpes, al trazo sucio o al golpeteo de pechos al estilo tarzán.
Una puesta que aborda por una poética por momentos surrealista, lo cual da a los textos poéticos o de tensión una nueva manera de abordarlos sin caer en la obviedad.
Por supuesto que no todo es bueno, hay momentos en verdad cansados, esto en parte al texto que se vuelve un tanto reduntante, y en parte porque la dirección pierde frescura a partir de la coreografía escénica con los banquitos, la cual aunque es muy interesante al finalizar nos deja un sentimiento de gratuidad y quizás de que faltaría llenar más los movimientos, no sólo mecanizarlos, un poco lo mismo pasa con el juego de las pelotitas, que después de un tiempo deja de ser interesante.
Sin más, quisiera felicitar a Antón, quien en verdad es merecedor del premio que le fue otorgado, su actuación es contenida, va revelando poco a poco sus intenciones sin caer en el cliché del hombre misterioso, su celosía es trabajada, perversa, una actuación a fino detalle. Felicidades.
En cuanto a su compañero es necesario decir que su trabajo es por demás deficiente, no consigue atraer la atención del público, tiene momentos entrañables pero en eso se queda, en momentos, para permanecer plano el resto del montaje en una especie de impotencia mezclada con enojo. Podría decir que mi foco lo tuvo Antón Araiza casi todo el montaje, lo cual, en una obra de dos personajes es imperdonable, a menos que fuese una decisión de dirección, lo cual dudo (y si lo és, no es del todo acertada.)
En fin. Aún con sus atenuantes, Ella es una puesta que nos regala un teatro poco pretencioso, con interés de contar las atrocidades de las que es capaz el hombre por los muslos desnudos de una mujer, tenga el cabello rojo como una llamarada o negro como la noche.
Quedan tres miercoles a las 8:30 en la Madriguera. No se la pierdan.
Foro de debate sobre la Muestra
http://www.teatromexicano.com.mx/noticia.php?id=110
Xavier Villanova
La XII Noche
En cuanto a mi respecta, creo que esta obra es un intento tímido de presentar su versión de la doceava noche Shakespereana. Se hace un esbozo de un poco de canciones, un poco de locura, algunas propuestas que apuntan hacia una dirección concreta y sin embargo a mi ver se queda todo en eso, en un boceto, en una lluvia de ideas sin una dirección clara, creo que aunque hay actuaciones que hacen de este un buen montaje, la escenografía está por demás desaprovechada, lo mismo que los vestuarios. La propuesta en sí es algo limitada dentro de ese “universo” que tratan de construir con algunos referentes a la juangabriel, y paulina rubio.
Es verdad que en la obra los actores están todos comprometidos y haciendo su mejor esfuerzo, sin embargo coincido con la crítica que hace Arturo Carrasco cuando dice que la actuación de Quetzalli destaca, yo añadiría: es formidable, sin duda las escenas mas memorables de la puesta en escena son aquellas de Malvolio.
En cuanto al bufón interpretado por Daniel Santi, me pareció que en su intento de no caer en el chitochito (lo cual se agradece) no consigue alcanzar un atisbo claro de la genialidad de los bufones shakespereanos que entre comicidad y suspicacia desenmascaran y se mofan con perdón de todo cuanto encuentran, de todos modos se nota el intento de aprehender a un personaje tan complicado como puede serlo el bufón.
No está de más felicitar también a Jackeline Molina por su inteligente y sagaz interpretación y por supuesto al resto del elenco que hace un trabajo bastante meritorio levantando una puesta que a mi ver empieza bien y se va cayendo poco a poco.
Yo salí con la sensación de haber asistido como ellos dicen a una fiesta, pero a una fiesta en la que los actores ya preocopearon, siguen tomando contigo y para cuando ellos ya están de malacopas tú todavía tienes ánimos de fiesta; los cuales vas perdiendo poco a poco hasta que llega la canción final que más que grand finale, recuerda al cri cri de las cinco de la mañana que la gente pone en sus casas para que ya te vayas.
Espero que lo que digo sea bien entendido, a mi ver esto recae completamente en la dirección, es una cuestión de ritmo y de tempo que no está bien lograda, en el intento por encontrar el tono justo entre comedia y pieza no vemos ni la una ni la otra.
Ya entrando en materia de la dirección, es claro que Martín Acosta ha encontrado una poética/estética que ha aplicado a sus últimos cuatro montajes desde Eduardo II, pasando por Sueño de una Noche de Verano, Electra Despierta y este último; lo cual es un arma de doble filo: ó está tratando de perfeccionar un estilo con esta idea del teatro pop, ó encontró una formula interesante, atractiva y en cierto modo cómoda para no tener que realmente plantearse que le va o no a cada montaje. A mi parecer este montaje es al que menos le va este tipo de poética, como quizás sí a Sueño y definitivamente a Eduardo II para la que fue concebida.
Me quedo sin duda con el trabajo de una generación que lucha por su lugar en los escenarios. Actores al fin todos ellos, espero seguirlos viendo en los escenarios y haciendo un teatro cuyas imágenes permanezcan en el espectador, recuerden:
El teatro no nos necesita, nosotros necesitamos al teatro.
¿El tiempo? y los Diaz
Más allá de la expectativa y los buenos deseos, es importante hablar del trabajo realizado por estos jovenes bajo la mano de Claudia Ríos.
El tiempo y los díaz como nos lo presentan, es sin duda un melodrama que cuenta con todos los elementos para estar en cualquiera de las telenovelas mexicanas que se presentan diariamente en horario estelar.
Esto era de esperarse después de haber presenciado la telenovela Otelo que nos vendió Claudia Ríos en el CCU, la cual cabe decirlo estaba llena de efectos músicales y sonoros para subrayar el drama, además de la obsesión de la directora con las ¡oh pobres mujeres golpeadas! tema que Claudia inserta en Otelo con marcador amarillo y para que se note, como lo más importante de la obra. De lo cual recuerdo como uno de los peores momentos la escena en la que Emilia hace un aparte, los personajes se congelan y ella recita sus textos en un tono, que ya no quisiéramos ver ni en el canal de las estrellas, hablando del maltrato a su amiga Desdémona.
¿Y a qué viene todo esto con “El tiempo y los diaz”?
En una obra que como dice Roberto Loera habla del tiempo que nos consume y en el cual las decisiones que tomamos nos llevan una a una a nuestro inevitable futuro… La incertidumbre de lo que vendrá, Claudia retoma el tema de las oh pobres mujeres enfrentándose a la vida tornando muchos momentos en un verdadero cliché inaguantable, por citar algunos en particular:
El golpe maquillado en el ojo derecho de la actriz Claudina quien no cesa de moverse el cabello para intentar hacer notar que su personaje es abusado por su marido, el personaje que realiza Eva Sánchez quien en el segundo acto entra vestida literalmente como muchacha, mirando para abajo y jalándose el vestido una y otra vez para hacernos notar que pobresita la vida la ha tratado mal, la oh pobre escritora con sueños cuyos textos están plagados de cursilerías irrespresentables que Claudia sostiene en su adaptación no así con los demás personajes, para remarcar el personaje soñador del canal 2 el cual será devastado y terminará como escritora de tv y novelas para luego decir: oh te acuerdas de los días en que jugabamos a las películas… Sin dejar de mencionar los momentos en que la actriz Christel Klitbo (quien claramente vemos luchando para no caer en tal melodrama sin conseguir del todo alejarlo de sí ni entrar en convención) en el tercer acto vislumbra el futuro acompañada de un golpe de campana fortísimo que nos remarca el drama.
La obra además de contener estos clichés, cuenta con una ambientación músical que nos hace pensar que el público mexicano necesita una y otra vez que se nos pongan violines a esta nuestra situación cotidiana en la que no hacemos más que sufrir en este valle de lágrimas.
Sin embargo, no todo es malo, los jovenes actores al igual que en la XII noche, son lo más rescatable del trabajo, dejando de lado la dirección de Claudia Ríos, nos encontramos con trece muchachos literalmente abrazando la convención del melodrama, entregándose a ella y consiguiendo hacer de esto un trabajo que destaca más que volverse tedioso como lo fue Otelo. Se agradece infinitamente el trabajo de actrices como Mariana Trejo quien a pesar de ser cargada con ser la niña chiquita por su estatura y ojos dulces, llena de amor y de vida al personaje regalándonos un buen sabor de boca en cada instante en que le vemos aunque estos sean pocos, misma situación con el actor Jordi Pie, quien no explota, no exagera y conteniendo la emoción nos entrega un pastel horneado lleno de ternura, pero no excento de dolor. Dentro de las menciones hay una que debe ser exaltada por su profesionalismo y valía para salvar al montaje del melodrama telenovelesco:
Hablando claro, lo más memorable del montaje es la magnifica actuación del joven Christian Alvardo quien interpreta a Delfino Pacheco en una genial construcción del personaje mítico mexicano: El Negro Durazo. Este joven se lleva en vedad las palmas cuando en el primer acto hilvana un personaje aparentemente humilde, lleno de ambiciones, mismas que están sútilmente encubiertas por una aparente curiosidad y goce de poder codearse con la clase alta mexicana, para en el segundo acto verlo convertido en un cacique hecho y derecho lleno de poder, jamás cayendo en el cliché del malvado, sino todo lo contrario, simple y llanamente un hombre que ha hecho su vida como el ha querido y sin preguntarle a nadie. Es además, el único que consigue una verdadera transformación del primero al segundo acto, dado que supuestamente pasan 20 años entre un acto y otro, los demás actores y por cuestión de dirección están concentrados en llenarse de años, mientras el joven se limita a llenarse de verdad, lo cual si no justifica los veinte años que tendría que tener de más, hace que lo olvides ante el peso de sus palabras.
Otra actuacion que hay que mencionar pero en otro sentido, es la de la actriz Vanessa Marroquin, quien bajo la estética de pelicula mexicana de los años dorados impuesta por la dirección consigue aprehender de forma magistral el tono de madre de novela, dejándonos ver su colmillo escénico en muchas de las escenas.
El resto del elenco hace un muy buen trabajo pero cabe decir que pasados por la guillotina de la dirección no consiguen salvar a sus personajes de los clichés que los rodean.
De dos actuaciones es preciso decir que están en la indefinición entre abrazar la forma o buscar el tan ansiado contenido, que són Christel Klitbo y Emmma Solorzano quienes vemos luchando por encontrar el tono justo de sus diálogos, intentando dar verdad a la situación y a la adaptación del texto a la realidad de México entre los años 60’s y 80’s.
En cuanto a la situación mexicana de la época se nos cuenta que han vivido el 68, se nos dice que luego vienen los ochenta y se habla de la realidad del país, pero sólo Mariana Trejo cuando imita a Díaz Ordaz y Christian como El Negro consiguen realmente entender lo que se vivía en México en esos días, los demás jovenes se encuentran atados a lo anecdótico de una situación que es evidente no vivieron y no ha pasado por sus mentes, mismo caso de Olimpia 68.
En resumen, creo que esta obra tiene como aciertos la jovialidad, el empuje y las ganas de los muchachos de la última generación de CasAzul quienes vemos entregandose sin juzgar, con el intento constante de dar vida cada instante del montaje, así como el muy bien entendido tono lúdico del primer acto, y por supuesto las actuaciones ya mencionadas.
En definitiva no hablo para demeritar el trabajo de los muchachos, a todos les ví muchos de los retos actorales contra los que habían de luchar superados en este montaje además de conseguir momentos de verdad, entregarse y construir relaciones verosímiles; miradas, contacto humano. No por ello hay que dejar de decir que la elección del texto y la dirección, en vez de dar brillantez a las ventajas de su juventud y garra, pareciera servir para mostrar que ante la falta de verdad se huye a la forma, ante la falta de experiencia es fácil cobijarse en la convención, en vez de apostar por un reto actoral que los hiciera mostrar todas sus cualidades y no los zapatos que aún no pueden llenar.
Dicho lo anterior, dejo la reflexión siguiente: En un país envuelto en la crisis, donde casi nadie lee o asiste al teatro pero si devoran el libro vaquero y María Mercedes a las nueve de la noche, ¿qué nos queda?: ¿sumarnos a la ignorancia y hacer llorar al público nacional con las argucías del colmillo de novela? o ¿proponer un teatro distinto, buscando espectadores críticos que vengan a pensar o apreciar algo distinto a lo que ven todos los días?
En la opinión propia, definitivamente la primera opción no es algo aplaudible sino todo lo contrario en un México que debiera pugnar por una estética teatral que rompa convencionalismos y no entregarse al aplauso y la lágrima fácil que nos otorga televisa, pero lo dejo abierto a debate.
Felicidades a los jóvenes graduados. Busquen el teatro que los llame, con el que puedan decir algo, aportar algo, no se conformen, hay muchos directores y propuestas nuevas, no se casen con ningún modelo hasta encontrar el suyo, hagan mucho teatro, pero no por hacerlo, sino por amor a la escena y a su trabajo.
Xavier Villanova